De buen vecino
Yo tuve la suerte de criarme en un barrio. Y fui muy feliz en Villa Dolores. Innumerables vivencias me ayudaron a formar como persona. A saber respetar y hacerme respetar, a compartir, a disfrutar, a luchar, a organizarnos, a vivir. A querer amigos y compañeros. Y también a construir cosas juntos. Desde el cuadro del barrio, desde los mas chicos hasta ya de grandotes veteranos, pasando por una sede que se mudo varias veces pero siempre nos contuvo a todos, jóvenes y viejos. Barrios llenos de vida, de acontecimientos sociales, nacimientos, cumpleaños, velorios, vida compartida. Tan es así que nunca dejamos de vernos. Cada año, por lo menos una vez, nos reunimos y pasamos todos juntos.
Los tiempos fueron conspirando contra los barrios. Hoy quedan muy pocos, pero por suerte sobreviven algunos aun. Y el interior todavía es así. En Montevideo se vive muy rápido, corriendo atrás de problemas, o sumergidos cada vez más en medios de comunicación que nos aíslan del contacto vivo con los demás.
Sin embargo hay todavía algunas cosas que nos vinculan. Los temas comunes de cada barrio, de cada zona. Tenemos la chance de participar. De analizar, de discutir, de proyectar soluciones a esos temas, y decidir donde volcar los recursos en forma prioritaria. Es una herramienta inteligente de la democracia. Usémosla. Alguien dijo que los uruguayos somos «la República de la queja», pero que a la hora de hacer, somos perezosos y dejados. En parte, puede ser. Yo no quiero estar en esa parte. Por eso voy a ir a votar los proyectos de la zona. Por mi, por mis hijas, porque esta ciudad y este país no se distancien tanto de aquellos barrios donde ser buen vecino era tan importante como ser buen ciudadano, buen compañero, buen padre de familia. Por un Uruguay de buenos vecinos, hacete un ratito y andá. Ahí están las diferentes propuestas y podés votar hasta tres. Y lo que no sepas preguntás que no es ningún pecado. Andá. Te vas a sentir bien. *
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