Perfume de mujer

E l progresismo continuará en el poder en Argentina. La senadora Cristina Fernández, una política de carácter arrollador le dará la continuidad al modelo que inició su esposo, el presidente Néstor Kirchner, para desmontar el brutal neoliberalismo que entronizó el ex presidente Carlos Menem con las directivas del norte expoliador.

El país de la carne vacuna y las exportaciones agrícolas, de la mano del kirchnerismo, logró apagar el incendio económico de 2001 cuando colapsó un modelo de privatizaciones sin control, tipo de cambio fijo y aliento a las importaciones. La herencia neoliberal de aquel estallido fueron las siluetas fantasmales de familias enteras vestidas con ropas harapientas que recolectaban papel y cartones por las noches en las grandes ciudades para cargarlos en carros destartalados y venderlos por kilo. Las recetas del FMI fueron nefastas, pero el Frente para la Victoria las combatió y logró su independencia.

Cristina, mujer vehemente, radiante y avasallante, atesora una historia de activa militancia política que inició en la combativa Juventud Peronista en los años 70 en La Plata, la ciudad donde nació en el seno de una politizada familia de clase media.

Admiradora de la mítica Eva Perón, Cristina, de 54 años, será la primera mujer electa para gobernar Argentina merced a su experiencia política y a una sólida formación intelectual.

Las encuestas la muestran a la senadora como favorita con amplia ventaja en los sondeos para las elecciones presidenciales del domingo, más allá de los ataques de la derecha que añora el pasado.

Cristina es la profundización del cambio, dice Kirchner, su mayor propagandista desde que el 1 de julio se definió la candidatura de la senadora por el Frente para la Victoria. Al desistir de presentarse a una reelección, Kirchner dejó vía libre al protagonismo de la primera dama, quien llega a las urnas con intención de voto de 40% a 50%, según sondeos. Sin embargo, Néstor será un imprescindible colaborador, aunque la última palabra la tendrá ella. Cristina es el mejor cuadro político femenino de los últimos 20 años.

En la universidad estatal de La Plata, donde era una brillante estudiante de Derecho, conoció a Néstor Kirchner, con quien se casó en 1975. Pero el golpe de Estado de 1976 y la feroz dictadura empujó al matrimonio a la inhóspita provincia patagónica de Santa Cruz, natal del presidente, donde tuvieron dos hijos, desarrollaron su carrera política y se prepararon para el futuro, para engrosar la columna del progresismo latinoamericano.

Legisladora por Santa Cruz desde 1989, los vaivenes de la política devolverían a Cristina a la provincia de Buenos Aires, un distrito clave con el 40% del electorado de todo el país y por el que fue electa senadora en 2005.

En los últimos cinco años de la mano del matrimonio Kirchner, resucitó la industria, la agricultura, el turismo y el comercio, con un crecimiento de la economía de casi 45% en el país de la carne vacuna, el tango y el fútbol como pasión.

Unos 27 de los casi 40 millones de argentinos están empadronados para decidir quien será jefe de Estado con mandato de cuatro años, además de renovar la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado, entre otras decenas de puestos ejecutivos y legislativos provinciales.

El Mercosur, que crece con la incorporación de la bolivariana Venezuela, tendrá también ahora la sapiencia política y el necesario olor a mujer de la futura presidenta de los argentinos.

¡Profundicemos el cambio!, fue un lema de la campaña del progresismo argentino. Y profundizando los cambios junto a los desposeídos, Cristina Fernández de Kirchner llegará del domingo al sillón de la Casa Rosada, para bien de los sufridos luchadores argentinos, y también para suerte todos los mercosurianos que anhelamos la integración de verdad, a favor de nuestros pueblos. *

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