Preparan el derechazo

E l pasado viernes el ministro José Mujica le dijo a sus tupamaros que si el Frente Amplio no repite en el gobierno en las próximas elecciones, se viene el «derechazo». Con esas palabras intentó contener a sus adherentes, quienes ­al igual que otros militantes frenteamplistas­ sienten que sus sueños políticos no se concretan con el ritmo necesario.

Por encima de ritmos, de talantes y del pulso del acontecer, Mujica dijo una verdad grande como una casa. Si en las próximas elecciones nacionales gana la derecha, no se vuelve al 2004 ­lo cual ya sería dramático­, sino que el tiempo retrocederá a años anteriores, como fue la década del 60 y de los 70, donde los empresarios (los grandes) apretaron el acelerador y pusieron contra la cuerdas a los trabajadores, quienes en la década del 90 tuvieron que soportar los embates del neoliberalismo.

Ahora el Partido Colorado, operando desde la trastienda, convoca a un plebiscito para impedir que los jubilados paguen el IRPF, como si todos los jubilados fueran iguales. Como era de esperar, el plebiscito coincidiría con las elecciones nacionales, con el fin de sacar del gobierno a la izquierda.

A la vez el Partido Nacional, junto al jupista diputado Daniel García Pintos, se apresta a utilizar el libro de Jorge Zabalza («Un cero a la izquierda»), con la intención de demostrar que el MPP no es una fuerza democrática, apegada a la Ley y a la institucionalidad, pastilla que nadie compra.

Como si esto fuera poco, hay dirigentes nacionalistas que se van a las cuchillas para enfrentar el anteproyecto de ley sobre la enseñanza, sin reconocer que se está ante un borrador. El asunto es estar siempre en contra, por las dudas.

La idea, coordinada o no, de los partidos tradicionales, es crear un clima de miedo para que las capas medias dejen de lado sus propuestas progresistas, para inclinarse, como en los tiempos de Jorge Pacheco Areco, hacia las posturas más reaccionarias y conservadoras.

Las «revelaciones» de Zabalza son funcionales a la derecha, que no puede dormir porque las encuestas y los más finos analistas políticos siguen considerando que el Frente Amplio gana en las próximas elecciones nacionales. Y en octubre.

Zabalza busca crear un clima político con el fin de demostrar, según su postura de Príncipe Azul, que no hay futuro para el camino de acumulación de fuerzas a favor del progresismo y de los cambios. La idea es, una vez más, que cuanto peor mejor, aunque caigan políticamente sus amigos de andanzas «revolucionarias» como José Mujica, Eleuterio Fernández Huidobro y Julio Marenales, modestos constructores de la nueva modernidad del país.

Desde ayer los partidos tradicionales lanzaron su campaña para que la izquierda, el Frente Amplio, nunca más vuelva al gobierno, no sólo por la envidia de quien tiene circunstancialmente el poder, sino para que el programa progresista no pueda realizarse.

De ganar la derecha en las próximas elecciones nacionales los uruguayos tendrán que olvidarse de muchas cosas, entre ellas de un gobierno luchando contra la inflación, construyendo la mayor infraestructura del país en los últimos 50 años ­puertos y carreteras­ y estableciendo leyes de equidad, como son la reforma tributaria, el nuevo sistema de salud y el Plan de Emergencia, que se transformará en plan de equidad.

Si el cambio se frustra, el país ingresará en una generalizada lucha tribal, donde los más poderosos, con el aliento de los gobernantes de la derecha, terminarán triunfando sobre los más débiles.

Aún hay tiempo, sobran las reservas y los éxitos del gobierno, para enfrentar estas embestidas bagualas inspiradas en el norte del mundo, por más que algunos se digan nacionalistas. Para los partidos tradicionales importa sólo el poder. La gente es sólo una anécdota. *

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