Bolivia bajo fuego cruzado
E l fundamentalismo religioso de derecha se manifestó en estos días, en la América del Sur. En nuestro país aparecieron abrazados, sin argumentos de ningún tipo, monseñor Nicolás Cotugno y el pastor Jorge Márquez contra la despenalización del aborto, junto a todo el Partido Nacional, que tuvo como mayor exponente ideológico al senador Carlos Moreira que se opuso al placer sexual.
Mientras, en las alturas de América Latina, nuestros vecinos del altiplano, un grupo fundamentalista de El Alto organizados en la Federación de Padres de Familia no tuvieron mejor actitud cristiana que quemar decenas de bares y de prostíbulos, por considerarlos «nidos de delincuencia». Según medios bolivianos, los manifestantes apedrearon, asaltaron y quemaron al menos doce bares y prostíbulos. Los buenos y puros de Bolivia mostraron, una vez más, que los sectores más fundamentalistas de la sociedad latinoamericana están presentes, que viven y luchan.
La agresividad de estos fundamentalistas bolivianos no extraña, en tanto el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, alertó sobre los peligros que acechan.
El líder bolivariano dijo, hace unos días y desde Cuba, que si Evo Morales es derrocado o a asesinado se va a producir un «Vietnam de las ametralladoras».
Las palabras de Chávez, difundidas por todo el mundo, mostraron a un presidente dispuesto a expresar su solidaridad en cualquier esquina de América Latina, donde se intente detener el avance progresista, democrático y pacífico de los pueblos latinoamericanos y caribeños.
El líder venezolano ha señalado en varias oportunidades que su régimen defenderá al boliviano Morales, quien impulsa profundas reformas políticas y económicas, resistidas por partidos conservadores y grupos civiles, asentados fundamentalmente en la rica región de Santa Cruz, en el este de Bolivia.
Esos sectores han cuestionado la nacionalización de los hidrocarburos –una verdadera afrenta a los sectores pro imperialistas– y la reversión de tierras improductivas para distribuirlas entre campesinos pobres.
La historia de Bolivia es el relato de los pobres e indigentes que se resisten a vivir en esas condiciones infrahumanas, pero también es la triste historia de los golpes de Estado provocados por la oligarquía racista y los militares vendidos al extranjero.
Esos golpes de Estado tuvieron, en la gran mayoría de las veces, el apoyo de gobiernos ultrareaccionarios de Brasil y de Argentina. Para bien de la región, la correlación de fuerzas ha cambiado y desde ese dos países no hay señales golpistas, por el contrario, buscan sostener a Evo Morales, aunque en materia energética existan diferencias entre los tres gobiernos.
Estados Unidos, la Administración Bush, también juega su partida, en momentos en que fracasa en Irak y su economía se debilita, donde China y la India crecen en su participación del comercio mundial.
No es casualidad, entonces, que Stephen Johnson, viceasistente del secretario de Defensa norteamericano para el Hemisferio Occidental, haya dicho que «Tenemos que vigilar los montos de armas que Venezuela está comprando».
Johnson, que también citó a Bolivia y Ecuador como «desafiantes» a Estados Unidos, reconoció que Venezuela «tiene el derecho de defenderse», pero aseguró que las armas que está comprando son «mucho más sofisticadas que lo que otros países tienen, son mucho más que lo necesario para el reto de defenderse».
Todo este intercambio de mensajes mediáticos está mostrando que hay intereses de la derecha latinoamericana y de la Casa Blanca para desestabilizar la región. Es de esperar que el Mercosur actúe a tiempo. *
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