Los empresarios y el gobierno
E s cierto que el gobierno tiene problemas de relacionamiento con los empresarios. Y es cierto también que éstos no están entendiendo algunas claves del proceso actual. Pero, sobre todas las cosas, es obvio que si la dinamización del proceso económico jaquea los viejos saberes aprendidos de la izquierda en mayor medida aun, ese proceso devela la fragilidad de un sistema de representación empresarial fuertemente desenfocado respecto a la nueva realidad. Realidad que no se explica sólo por la legitimidad que tiene un gobierno electo de tentar cambios inspirados en un pensamiento diferente al que caracterizó a los gobiernos con los cuales se fue construyendo una cultura de la representación empresarial determinada. El desenfoque está también vinculado a la ausencia de un marco de ideas apto para aceptar plenamente cambios fuertes en los escenarios para los cuales se estructuran los proyectos y se hacen los negocios. La apertura de la economía es fenomenal y ello no es gratuito para el mantenimiento de las viejas estructuras. Tampoco las de la representación social y empresarial. El coeficiente de apertura suma del comercio importador y exportador sobre el producto- no deja de crecer en un proceso en el cual ese denominador está aumentando a tasas desusadas para el país. En consecuencia, inevitablemente, las relaciones de los diferentes grupos de poder, en este caso los grupos empresariales, con el gobierno y la sociedad deben observarse y elaborarse desde una visión de frontera. Esto lo explicaba con brillantez inigualada hasta ahora el ex presidente chileno Ricardo Lagos en su conferencia de Montevideo dos años atrás. Todo, absolutamente todo, incluyendo la lucha de ideas y las conductas adquieren cambios dramáticos en la economías pequeñas cuando los desafíos y las oportunidades de enfrentan desde el umbral del relacionamiento con el mundo.
Advertida de estos desafíos inéditos, la sociedad reacciona frente a ellos en función del grado de formación que tiene cada núcleo de intereses. Esta racionalidad desde la cual se privilegia la defensa de los intereses sectoriales frente a los nacionales es inevitable y natural. El problema es cuando esa racionalidad más calificada de los empresarios o de ciertos núcleos de trabajadores intelectuales, se opone a los intereses nacionales. Aquella advertencia de cambios bruscos inducidos desde la frontera ha sido comunicada, informativa y prácticamente. Algunos no la han podido entender por razones de códigos y acceso a la información más calificada. Otros, como los empresarios se resisten a entender que es lo que está sucediendo. Unos y otros padecen de una dificultad similar: la carencia de un pensamiento dinámico, elaborado también allí, en la frontera, capaz de constituirse en un marco de orientación y nuevos estímulos para la construcción de un pensamiento guía más elaborado. El viejo liberalismo ya no alcanza para pensar ni para orientar conductas funcionales con esos cambios de frontera.
Si la representación de los sectores más sumergidos económica o intelectualmente, tiene dificultades para renovar la dinámica del pensamiento de izquierda, la representación del empresariado uruguayo no logra aproximarse siquiera a algo más elaborado que la libertad del comercio mercantil como ideario de cambio y construcción de modernidad. En tanto, lo que hace y deja de hacer el empresariado criollo en su confusión de ideas es, sencillamente, patético. Y además, peligroso. La claudicación de las representaciones empresariales actuales en temas claves como la política comercial o la política monetaria le hace mucho daño al país. Hay ejemplos de todo tipo, que van desde la pasividad intelectual de sus representantes más conspicuos con las prácticas desleales de comercio, hasta la contemplación indolente del valor de la estabilidad.
El anunciado derrumbe del precio del dólar en estos días deja expuesto a los agroexportadores a pérdidas cambiarias importantes. Pero estas circunstancias eran previsibles y los empresarios tenían a mano la oferta de seguros de cambio de muy bajo costo que desestimaron. Es inaceptable que en la perspectiva que se abría ya en 2005 y teniendo a mano forwards como cobertura de riesgo de la moneda, ofertados por el BCU insistentemente y con precios muy bajos, la representación empresarial vuelva a la monserga del rezago cambiario para presionar la defensa de la moneda… extranjera. Y esto, pareciendo un problema de errores de diagnóstico, o cálculo, esencialmente es egoísmo corporativo enfrentado a la razonabilidad social. Y es, además, una expresión notoria de indolencia del viejo pensamiento de la representación empresarial mercantilista. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad