La inflación y las recetas de siempre
La suba de los precios amenaza «comerse» las modestas mejoras obtenidas en los ingresos de los sectores tradicionalmente postergados de la sociedad. Quizá sea cierto que la inflación es el más injusto de los impuestos, pero vale la pena ir despacito por las piedras antes de dar por buenos algunos razonamientos.
Hay aspectos del problema que parecen aceptados, por todos los analistas, como una buena base de partida. A modo de ejemplo: el dólar baja a nivel mundial. Los precios de productos básicos suben como consecuencia y porque hay mucha demanda de productos como carne, lácteos, granos y otros. El clima afectó la producción de frutas y verduras. El precio del petróleo es otro fuerte factor inflacionario, moderado por la capacidad del Estado de fijar el de los combustibles.
En el Uruguay, las cadenas agroexportadoras, que se benefician de las bonanzas del mercado internacional, están concentradas en pocas manos y en una medida cada vez más importante se han extranjerizado. Hay matices y hasta excepciones, pero la tendencia es esa.
Con estas premisas, parece escaso el margen de maniobra del gobierno, pero además, los «formadores de precios» en el mercado interno son unas pocas grandes empresas, nada dispuestas a realizar «obra social». Se manejan con la sencilla receta de ganar lo más posible, en el menor tiempo posible. Esa es la esencia del sistema.
El senador Francisco Gallinal propone cuatro recetas básicas para frenar la inflación:
Baja del gasto público.
Estamos por encima de una situación ideal, dice. ¿Dónde recortamos el gasto? Porque hace falta más plata en la salud y la educación pública, en Colonización y en áreas de apoyo a las Pymes, en infraestructura (puertos, carreteras y vías férreas), y la lista no se agota acá.
Para el dirigente blanco, ¿el gasto público es inflacionario siempre? Si no sacamos de la pobreza a los niños ¿qué futuro tenemos? Eso ¿cómo se paga? ¿quién lo financia?
La tasa de inversión en Uruguay continúa muy baja, afirma. Aunque las cifras muestran niveles nunca conocidos en la historia del país. Quizá se refiere a la tasa de «reinversión» de los empresarios nacionales, que tienen muchas veces una mejor opción en la venta de sus activos a las trasnacionales. Quizá deba concluirse que es conveniente recortar las ganancias de los empresarios, para asegurar que haya excedentes disponibles para invertir. En ese caso, ¿quién gestiona las nuevas inversiones? ¿Propone impulsar fuertemente un área de propiedad social, cooperativas por ejemplo?
Afirma además Gallinal que «las empresas no tienen capacidad productiva ociosa» (la tenían a la salida de la crisis). Un dato relevante sin dudas porque, si no hay capacidad ociosa ¿por qué no hay inversión?
Y agrega que «la mayor demanda va en buena medida a precios». ¡Claro que sí! Quizá sea más rentable que ampliar la producción, subir los precios. Es la lógica del sistema: concentradora y excluyente, en beneficio de unos pocos.
El senador Gallinal ¿puede explicar con claridad en qué beneficia a maestros, policías o peones rurales ganar cada vez menos? Porque «la mayor demanda» es porque hay más gente que consume más. La población no crece.
Desindexar los salarios
Considera el dirigente blanco que «al estar atados a la inflación, se estimula a la formación de la espiral de precios y salarios».
Pero la inflación (moderada y manejable por ahora) está instalada y los sectores propietarios, empresariales, profesionales exitosos (como los anestesistas) resisten toda posibilidad de ceder parte de sus ingresos en beneficio de los más pobres.
Además, si preservar el poder adquisitivo de los salarios genera inflación, y ésta perjudica a los pobres. ¿La única alternativa para solucionar esta injusta situación es apretar a los trabajadores y garantizar la libertad de empresa y propiedad a los privilegiados?
Clarito. ¡Está clarito! La receta mágica es una vieja conocida.
Política monetaria contractiva
Aplaude pero advierte, que «no se les pase y con eso frenen la economía». Quiere decir que no frenen las ganancias de los que ganan mucho. De los que tienen capacidad de ahorro y van a reinvertir para dar trabajo. Eso ¿cuándo funcionó así?
Apertura de la economía
«En sectores en donde hay escasa competencia o cárteles». Que son en los que las empresas extranjeras tienen mayor capacidad de eliminar la competencia local y empeorar la situación. El senador Gallinal parece que no sabe que la competencia es lo que ha generado los grandes monopolios y los cárteles más poderosos en el mundo. Incluidos los de la droga y el tráfico de armas.
Anunciar que se iba a importar pollos bastó para que aparecieran unos chicos, congelados y más baratos, que nadie explicó con claridad de dónde salen. Parece que eran para exportar.
En fin, la lógica empresarial privada no sintoniza con los intereses generales y los monopolios públicos, bien administrados, demuestran tener una utilidad social importante, junto con capacidad de impulsar el desarrollo local.
Detalles que el senador blanco no toma en cuenta, pero que son importantes para procesar el necesario debate sobre «los bienes terrenales del hombre» y las formas en que éstos terminan distribuidos.
Bueno, apropiados por el más fuerte en el seno de la sociedad, para ser más precisos. *
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