La Universidad salió a la calle
Como hace muchos años no se veía, una nutrida manifestación de universitarios (estudiantes, profesionales, docentes, funcionarios) encabezada por las máximas autoridades de la principal casa de estudios terciarios, recorrió el centro de la capital.
Se trató de una demostración de la unidad de todos los actores involucrados en el quehacer universitario reclamando un presupuesto justo, un presupuesto acorde con la trascendencia de la responsabilidad que le cabe a la Universidad de la República.
La presencia del rector Guarga, de la decana Gnazzo, del intendente Arana, del doctor Juan Andrés Ramírez y otras personalidades acompañando el bullicio juvenil significa una clara señal hacia la población (la opinión pública) y también hacia la clase dirigente y gobernante (la coalición blanquicolorada) de que no se trata de una asonada estudiantil inspirada en el comandante Marcos o una frívola revuelta de jóvenes posmodernos.
Es que la situación –y las perspectivas nada halagüeñas que ofrecen el gobierno y su equipo económico– contiene una gravedad que se sitúa muy lejos de lo que puede considerarse un ‘gobierno divertido’. Como tantas veces ha ocurrido, atrás quedaron las alegres promesas electorales solemnemente estampadas en el acuerdo Batlle-Lacalle del que se cumple un año. Ni la primera ley de urgencia, ni el proyecto de Ley Presupuestal contemplaron los compromisos más firmes asumidos antes del balotaje, y que tantas expectativas habían creado.
Y la enseñanza pública –como la Salud, la Justicia y otros sectores sumergidos– enfrenta una situación de extrema gravedad que hace peligrar el correcto cumplimiento de sus cometidos.
Por eso la manifestación de ayer tuvo –al igual que las memorables jornadas de 1958 de lucha por la Ley Orgánica– el apoyo consciente y maduro de todos los universitarios y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad que no se resignan a tolerar el deterioro de nuestra cultura.
Compartí tu opinión con toda la comunidad