Sordos se hacen oír

Un episodio aparentemente anecdótico, vivido hace bien poco durante el Foro de Expertos de la Conferencia de Ciudades contra el Racismo la Discriminación y la Xenofobia, desarrollada en Montevideo, es sin embargo sintomático: el vicepresidente del Inadi (Instituto Nacional contra la Discriminación argentino) Pedro Mouratián, puso de relieve la gravedad de las costumbres que son tomadas como «normales» y sin embargo pecan de conductas fuertemente discriminadoras.

Es decir; es normal que no existan vías especiales para circulación de discapacitados motrices en las calles o para acceder a determinados lugares o medios de transporte. Es normal que no haya libros para no videntes y ¡oh paradoja!, fue tomado como «normal» que en la reunión latinoamericana contra la discriminación, no hubiera un intérprete usando el lenguaje dactilológico para los sordos.

Era en cierta forma un contrasentido que en un evento contra la discriminación, no se hubiera tenido en cuenta la discapacidad auditiva en pro del aprovechamiento de la conferencia por parte de sus concurrentes sin marginaciones de ningún tipo. Tenemos mucho que aprender en esto de dar los primeros pero serios pasos hacia la aplicación de reales medidas afirmativas de inclusión y no discriminación al diferente. El terreno es complejo pues las diferencias en el acceso al disfrute de los derechos son variadas y no estamos adiestrados para detectarlas a simple vista, ya que tendemos a ver como aceptables actitudes altamente segregacionistas como la mencionada, donde es irrelevante la intención, que huelga, aunque los hechos se imponen duramente en contra del afectado; en este caso, las personas con problemas de audición.

La comunidad sorda realizó una marcha para reivindicar el uso del lenguaje de señas. Una multitud marchó por la rambla de Pocitos con una pancarta con la leyenda «¿Quiénes son los sordos? Ustedes o nosotros». En Uruguay hay 15 mil sordos, los cuales reclaman que se les dé la oportunidad de estudiar por medio de intérpretes en la educación común. La Universidad de la República incorporó este año intérpretes para sordos con el fin de terminar con la brecha existente.

En el ámbito de la Comisión Honoraria contra el Racismo, la Xenofobia y toda otra forma de Discriminación que me honra integrar, bregamos por la realización de los postulados por los cuales fue creado el espacio. Una de las tareas descrita en la ley fundacional y tomada por nuestro Plan de Acción, justamente es descubrir las dificultades que marginan socialmente a sectores de la comunidad. El doctor Nahúm Bergstein, precursor en los temas de racismo y discriminación, advierte sobre la discriminación solapada, aquella que es aviesa de ser descubierta y aun más esquiva de ser probada. Estemos atentos.

Hay mucho para oír –en este caso el mensaje de los sordos– reflexionar y fundamentalmente para actuar en torno a cuestiones ostensiblemente invisibilizadas en nuestra sociedad. El espectro de víctimas crecerá en proporción a nuestra inmovilidad por combatir el miedo al diferente, generado muchas veces por mensajes alienantes y globalizadores de cretinos medios de incomunicación que hacen al público actuar como autómata en torno a modelos de consumismo totalmente fuera de la realidad, donde nos inculcan que ser «feo» ya es una minusvalía.

Gracias a los sordos y su marcha por hacernos escuchar una lección sobre códigos de convivencia armoniosa y recordarnos la utopía de la igualdad social a la que no debemos renunciar, teniendo derecho a ser atendidos en nuestras peculiaridades. *

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