Ni un paso atrás
E l país perdió una gran oportunidad al no prosperar el voto de residentes uruguayos en el exterior del país porque los diputados blancos y colorados se opusieron. El voto negativo tradicional estuvo impregnado de un fuerte temor, porque consideran que quienes han emigrado seguramente son votos del Frente Amplio, lo que nadie ha podido demostrar.
Es cierto que mujeres y hombres, jóvenes y de mediana edad, antes de emigrar fueron parte de un proceso político en el que las fuerzas progresistas fueron creciendo en adhesión. Pero de allí a concluir que se está ante una maniobra electoral, es una verdadera vergüenza.
Muchas veces la derecha del país ha dicho, en debate con la izquierda, que quienes se van del país tienen como destino otras sociedades donde las políticas económicas no son precisamente similares a las del Frente Amplio.
Si esto es así, no hay espacio para creer que los emigrados son votos cautivos de la izquierda, más cuando uno de los países que más interesa a los uruguayos es Estados Unidos.
El tema es otro: no es electoral aunque se exprese en la conquista de un derecho electoral. Cuando el Frente Amplio propone el voto epistolar está reconociendo que hay un solo pueblo uruguayo, por encima de donde sea su residencia.
Negarle el voto a esa inmensa diáspora de uruguayos, es negarle el voto a José Artigas, quien muriera en Paraguay. Estamos hablando del tema de la emigración que viene de la profundidad de la historia, que no es reciente aunque se haya agravado en las últimas décadas, y que es parte sustancial de nuestra identidad y por ello es la fuerza y la razón de ser de un pueblo, de una sociedad que ante el alejamiento de sus hijos debe proponerse recuperarlos.
Los uruguayos que viven en otros países son nuestros mejores embajadores, difusores de nuestra cultura y de nuestros hábitos y costumbres. Dentro del proyecto estratégico de país, pueden llegar a ser factor fundamental para la conquista de nuevos mercados y fomento del turismo.
Al despreciarlos como iguales, al no concederles el derecho a elegir por el voto el mejor rumbo del país, se les está marginando y lastimando, pero también se está hiriendo a sus familiares que residen en el territorio nacional.
El Partido Colorado y el Partido Nacional, a sus diputados, les ha faltado visión de país, sentido de patria, emoción de pueblo, concepción de Nación y de República.
Las grandes sociedades democráticas permiten, desde hace años, el voto en el exterior de sus ciudadanos. Esas sociedades son, en muchos casos, ejemplo de pueblos unidos, con fuerte arraigo en sus raíces, y con inmensas energías de futuro. En muchos de estos casos no han sido las fuerzas de izquierda las que han impulsado ese derecho a votar fuera de fronteras, por lo que general han sido partidos conservadores, pero democráticos, sensibles al dolor de la emigración.
Cerradas las puertas en el Parlamento por una oposición a la que se le invitó para trabajar en conjunto para facilitar el voto de los compatriotas en el exterior del país, ante su negativa no queda otro camino que consultar a la ciudadanía mediante un plebiscito o que se incluya en una posible reforma de la Constitución de la República.
En esto no puede haber un paso atrás, porque está en juego la identidad de un pueblo que se siente único, por encima del lugar de residencia. Si hay que trabajarlo desde el pie que se haga, porque la conquista del voto epistolar es parte de los grandes cambios que los uruguayos estamos procesando y que no pueden ser entorpecidos por miradas cortas en materia política. *
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