Reformas profundas

C omo si un huracán se hubiera abatido sobre la población uruguaya, como si un Leviatán estuviera a punto de acabar con el Uruguay, así es presentada la reforma tributaria por la oposición, tanto de derecha como de izquierda. Porque, digámoslo sin ambages, la derecha no está sola en su cruzada contra la reforma: hay sectores de la izquierda, en su mayoría pequeños grupos al margen de la orgánica frentista, que braman tanto o más fuerte que los partidos conservadores.

El presidente del H. Directorio nacionalista ha expresado a quien quisiera oírlo la intención de su partido de derogar la reforma impositiva en caso de obtener el gobierno en la próxima elección. El doctor Jorge Batlle, por su parte, al profundizar su idea de conformar una suerte de Encuentro Conservador para derrotar al Frente Amplio, se pronunció en el mismo sentido.

Sin embargo, nos encontramos con una sorpresa en el Suplemento de Economía de El País del lunes 24 de setiembre, donde se publica un artículo en el que se vierten conceptos elogiosos hacia la reforma tributaria. Vale la pena transcribir algunos párrafos.

«La reforma tributaria y la del sistema nacional de salud, así como la política monetaria y cambiaria, se pueden sostener, entre otros factores, porque minimizan, tal como están diseñadas, el conflicto social, beneficiando a los más y perjudicando a los menos. Esto les garantiza viabilidad política aunque no necesariamente equidad y eficiencia».

Realmente sorprende este comentario en un medio de prensa que se ha caracterizado por su furibunda oposición al gobierno. No obstante, habría que efectuar una pequeña corrección. En efecto, luego de publicarse el incremento de la recaudación por IRPF en su primer mes de aplicación respecto de lo recaudado por el IRP anterior, se advierte fácilmente que –al menos en ese punto– la reforma ha demostrado su eficiencia.

Sigue más adelante:

«La reforma tributaria era un importante compromiso electoral y no implantarla acarreaba ciertos riesgos (…) nos aproxima en cierto modo a la realidad de países con buena tradición tributaria».

En definitiva, la reforma impositiva –más allá de algunas disposiciones discutibles que habrá que rever y tal vez modificar– no sólo responde a una necesidad imperiosa de modernizar el sistema tributario uruguayo, de ordenar los impuestos y de eliminar algunos de ellos, sino que también es el primer intento serio de empezar a corregir las injusticias de modo tal de encaminarse hacia una verdadera justicia distributiva.

Y concluye con una referencia al Sistema Nacional Integrado de Salud:

«La reforma de la salud es una apuesta más fuerte que el gobierno podía haber esquivado sin costos políticos; denota por ello, a nuestro juicio, cierto grado de determinación y sensibilidad social, a estar por los riesgos que en este caso sí están involucrados».

A propósito de este último asunto, recordemos que el martes está citado el Senado para tratar –con la consigna de aprobar– el SNIS. Contra esta otra reforma fundamental ya se han alzado voces destempladas con críticas vitriólicas agorando males inauditos.

Pensamos que, al igual que la reforma tributaria, la reforma de la salud puede tener carencias o disposiciones que habrá que rever y analizar para ajustar o corregir en la medida que empiece a implementarse. Pero es, también, el primer intento serio para llegar a una verdadera «justicia sanitaria» que dé cobertura a todos los orientales.

No obstante la supuesta caída de la popularidad del presidente Vázquez que expresan las encuestas, la aprobación a su gestión, cuando han transcurrido dos años y medio de gobierno, arroja un resultado neto positivo de trece puntos (+13), mientras que en los tres gobiernos anteriores los resultados al promediar su gestión eran todos de saldo negativo: el doctor Lacalle recogía -55; el doctor Sanguinetti, -26; y el doctor Batlle, -55.

Todos estos elementos explican el desasosiego que ha ganado a la oposición conservadora, algunos de cuyos dirigentes buscan afanosamente la manera de deslegitimar a la izquierda y buscar las vías de combatirla y derrotarla electoralmente. Ardua tarea tendrán. *

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