El control de la aftosa

Rubén Martínez Huelmo

Entre 1952 y 1956 se llevaron a cabo encuestas por parte del Dpto. de Economía Agraria de la Dirección de Agronomía del Ministerio de Ganadería y Agricultura. Las mismas revelaron que entre el 60.8% y 47.17% de las explotaciones ganaderas habían sufrido fiebre aftosa durante las epidemias producidas en los años 1950/51 y 1955/56 respectivamente. Antes del comienzo de la lucha en forma organizada e institucional, se registraban promedios de doce a dieciséis mil focos aftósicos, llegando a treinta mil en los años de epidemia. Formalmente la lucha contra la fiebre aftosa comienza a partir de la sanción de la ley nro. 12.938 de 9 de noviembre de 1961, que la declaró obligatoria en todo el territorio nacional. En marzo de 1968 se creó la Dirección de Lucha contra la Fiebre Aftosa, la cual debía conducir y orientar la campaña sanitaria para su control. Entre los objetivos que se persiguieron estuvo la participación directa y activa del productor agropecuario la que se intentó acentuar muy especialmente. Durante años se llevó a cabo un plan de vacunación cada cuatro meses, con vacunas de corta durabilidad en sus efectos y con controles un tanto laxos en su aplicación. Pese a esto el número de focos aftósicos se fue reduciendo con respecto al período anterior. Luego se impulsó la lucha antiaftósica con características regionales por medio de varios convenios bilaterales, pero fundamentalmente por la firma del Convenio de la Cuenca del Plata, signado el 24 de junio de 1987 entre Argentina, Brasil y Uruguay.

El 18 de octubre de 1989 se aprueba la ley 16.082 la cual con su decreto reglamentario el 244/90 impuso benéficos efectos.

La industria nacional comenzó a producir vacunas con adyuvante oleoso, vacunas de larga duración de inmunidad fueron aplicadas en los períodos en que la enfermedad históricamente se radicaba con más virulencia en nuestros planteles de ganado.

Por otro lado los antecedentes estadísticos orientaron la fijación de los períodos de vacunación. Se creó una «ruta de vacunación» como estrategia de ataque, la cual fijaba fecha, hora y otros detalles para la vacunación en cada predio, dentro de los períodos que encomendaba la ley. Esta ley creó la figura de «área de riesgos» la que permitió restringir los movimientos de animales en la zona declarada «de riesgo» y adelantaba los tiempos de vacunación. A esos efectos se instalaron Comisiones Departamentales de Salud Animal, las que se conformaron con agentes privados representantes de la Asociación Rural del Uruguay, Federación Rural del Uruguay, Sociedad de Medicina Veterinaria del Uruguay y un representante del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Se adiestró sobre el tema profundamente a todos los participantes. Se llevó a cabo profusa difusión: videos, cartillas, diapositivas, etc., fueron el vehículo para instruir sobre el peculiar combate. El 18 de julio de 1991, el Uruguay, por vez primera en su historia, anotó un año con ausencia clínica de la enfermedad. Recordemos las arduas gestiones en el seno de la Organización Internacional de Epizootias, en donde América a instancias de Uruguay, bregó por una categorización nueva: «País libre de aftosa con vacunación» lo que se logró. Así hasta llegar a la ausencia de la enfermedad «sin vacunación». Como vemos, ha sido una política de Estado llegar a no tener aftosa en nuestros planteles de ganado. Es decir que pasaron muchas administraciones y no se perdió el objetivo durante 50 años. ¿Cuánto le ha costado al país esta lucha iniciada allá por la década de los 50? ¿Cuántos préstamos internacionales? El volumen sería mayúsculo, pero creemos que ha sido dinero bien gastado, sin duda. Sin embago en cuanto a lo perdurable de estos logros y el resurgimiento del flagelo en el departamento de Artigas surgen obvios cuestionamientos. ¿Es creíble que un hilo de agua –sea el Cuareim o el Yaguarón– o las fronteras terrestres por las que pasan miles de automóviles y transeúntes, sea la frontera real que Uruguay deba interponer a la aftosa? ¿Es posible mantener a nuestro país impoluto de aftosa, mientras solucionamos el tema del contrabando? La cosa en cuanto a la aftosa no pasa por allí. Es evidente que si nuestro país no es capaz de crear un colchón geográfico que aleja realmente de nuestras fronteras el flagelo aftósico, el logro al que tanto nos costó llegar estará jaqueado permanentemente. La única manera de asegurar un triunfo estable es involucrar a los estados de Río Grande, Paraná y Santa Catalina y a las provincias de Corrientes, Misiones y Entre Ríos, en políticas sanitarias del Mercosur, conformando de ese modo un gran espacio ganadero supra nacional sin aftosa. Sin mengua de perfeccionar la función aduanera y otros controles que han fallado y que son resorte y responsabilidad de la Administración Central y de sus jerarcas más evidentes, el Consejo de Ministros y el Presidente de la República, no es posible mantener nuestras fronteras invictas ante un virus. Por lo tanto sin mentirnos entre nosotros –al fin y al cabo todos en Uruguay sabemos cuál es la situación de nuestras fronteras–, si no coordinamos con nuestros vecinos políticas sanitarias comunitarias, en poco tiempo habrá reincidencias y todo habrá sido en vano.

* Alianza Progresista

 

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