Referentes, legados y herramientas
Tenía pensado escribir algo sobre otra cosa pero cuando me senté ante la pantalla en blanco me di cuenta de que era domingo, que el enano andaba gritando «papá» por todas partes y que mamá llamaba para saber cuál era la razón que había hoy para no visitarla un domingo más.
Es que a veces, la militancia política se hace cuesta arriba. Es difícil acompasar la vida familiar y social con esta otra, de tantas alegrías y de tantos moretones, de sacrificios clandestinos y cachetadas públicas. Y en eso, pensé que quizás, también esta es una razón por la cual es tan difícil acercar o mantener a los jóvenes participando. Veamos algunas «puntas» para ir mejorando.
Deberíamos rever el concepto del «militómetro». Aquel por el cual una fórmula mágica asegura que a determinada cantidad de horas, días y años en un comité o en una sede nos garantiza cierta cantidad de derechos y una buena dosis de sabiduría. Los compromisos de los militantes no deberían medirse –si es que hay que medirlos– de acuerdo cpm ello porque no garantiza nada. Siempre recuerdo el ejemplo de un compañero, que por algunas razones como éstas ya no participa más. El decía: «No podemos medir los valores cristianos de una persona por la cantidad de veces que va a la iglesia en el mes: capaz que en una de esas, Bordaberry es el número uno». Más allá de las distancias, vale el ejemplo.
En segundo lugar, con la tecnología de hoy, no deberíamos estar muy lejos de pensar en un espacio de militancia cibernético que emule los espacios de participación personal. Lo hemos hablado con varios compañeros de todos los sectores, los blogs, los chats, el mismo MSN, los mensajes de texto, deberían ser parte de la acción política militante de todos los días. Facilitar a los jóvenes la incidencia política en las decisiones de las estructuras juveniles partidarias se hace urgente.
Y finalmente, quizás lo más importante, los legados y los referentes. Los jóvenes entendimos que lo principal es tener marcado el camino por quienes nos antecedieron y por quienes nos lideran. Lo estructural, lo material es necesariamente transformable. Lo trascendental es quiénes están signando nuestra acción, con su pensamiento y su legado. En nuestro caso, como JOTA21 hay dos claves: pensar en la mañana siguiente, como decía el más joven de todos que fue el General, y la ineludible referencia ética y política de quien es, sin duda alguna, nuestro líder y nuestra primera opción política, Danilo Astori.
Siempre digo que la actividad política es una de aquellas que, socialmente muy denostadas, mantiene uno de los objetivos más hermosos, tratar de mejorar las condiciones de vida de todos.
Deberíamos ser capaces entre todos de inculcar que cuando no hay política -democráticamente entendida- otras concepciones ocupan ese espacio.
La formación que recibimos algunas generaciones en las últimas décadas hace muy difícil que cale hondo el sacrificio de hoy por el mejor vivir social del mañana.
Hay que recuperar tras los legados recibidos, el amor a la herramienta política, el amor a la militancia, el amor a aquello que uno hace por el solo interés de que sus ideas sean tenidas en cuenta para mejorar el mundo. Y esto no es un tema generacional, es de la sociedad toda, de sus referentes, de sus líderes, de sus valores.
Nuestra juventud está en ese camino. Por lo pronto, me gusta decir que estamos intentando pensar en cómo reinventar la rueda mientras no deja de rodar. Intentando cumplir con la obligación de todo actor político y más aun de las generaciones mientras son jóvenes: encontrar entre la mayor cantidad posible de ciudadanos las mejores sendas de acuerdos por donde transitar hacia un mejor país mañana. Facilitando los caminos, invitando a pensar, transmitiendo legados. *
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