Nos aplicaron la suba del pollo, sin anestesia

Escrito por: DAVID RABINOVICH - Periodista

Jueves 27 de septiembre de 2007 | 5:40
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Esta semana recibimos otra mala noticia, una más entre tantas: aunque el gobierno le sacó el IVA, subió el precio del pollo.

Por otra parte los anestesistas siguen con su conflicto (por lo menos hasta hoy, martes), ese que no era por plata, sino por mejorar la atención de la gente.

Parece razonable que los funcionarios, que ganan tan poco también quieran aumentos. Hay otros funcionarios públicos que hacen sus reclamos y todos tienen derecho a plantear sus aspiraciones.

Bastaría que algún grupo de interés desate un conflicto duro y el gobierno ceda. Los reclamos vendrán en cascada y cada conflicto será peor que el anterior. Todo dentro de lo legal. Libertad de comercio y derecho de propiedad son pilares básicos en nuestro sistema de convivencia.

Tienen derecho los anestesistas en reclamar ganar más y trabajar menos. Hay pocos, son importantes y por lo tanto caros. Como cualquier mercadería escasa. Es la libertad de comercio.

Si la verdura y la fruta, por factores atmosféricos o por especulación ¡qué importa! son escasas, el precio sube, están caras. Y la leche está cara, y la carne, el pescado, la harina… Todo está lo más caro posible y eso es parte de la libertad de comercio. Está dentro de la lógica del sistema que cada uno, en una cadena, gane lo más que pueda. Si se crean más puestos de trabajo, se mejora el ingreso de las familias y el país está mejor, es natural que los empresarios busquen la forma de quedarse con mayores ganancias. Es el derecho a la apropiación privada.

Si hay grandes productores de pollos, que tienen capacidad de quedarse con la rebaja del IVA y aumentar sus ganancias, o si el sistema de distribución es la explicación, o si el problema está en el costo de las raciones, es todo irrelevante para el consumidor.

La lógica del comercio es que cada uno obtenga la mayor utilidad que pueda. Cuando hay muchos productores compitiendo se beneficia el consumidor con un mejor precio. Pero la historia muestra que los más “eficientes” van concentrando la capacidad de apropiarse de las ganancias y se ponen de acuerdo, cuando son pocos los que “dominan el mercado”, para vender a precios altamente rentables.

En el caso del pollo, estarían exportando a precios menores a los que venden en el mercado interno. Unos pocos regulan la oferta y todo intento por aliviar la situación del consumo, de parte del gobierno parece condenado al fracaso. El afán de ganancias no tiene límites legales y mucho menos éticos.

Si se recurre a medidas más drásticas se estaría “afectando las fuentes de trabajo” y si se atiende lo esencial como tal, seguramente la acusación será “atentar contra la propiedad privada”.

Por eso para entender los conflictos más salvajes, basta ponerlos en el marco del sistema. El capitalismo es salvaje por definición y esencia. Está legitimada la apropiación en sus más variadas formas y se la cataloga como “éxito”.

Tiene razón Mafalda: “No se puede amasar fortunas sin hacer harina a los demás”.

Si por el conflicto con los anestesistas, que tienen derecho de defender sus intereses por sobre cualquier otra consideración y es lógico que lo hagan, se mueren algunas personas seguro que serán muchos menos que los que mata y/o condena a una vida indigna el sistema como tal. Todos sabemos que estas cosas son así. Me fastidia un poco tanta hipocresía. *

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