La ONU tuvo su momento de dignidad

E l presidente de Estados Unidos, George W. Bush, habló ante la Asamblea General de la ONU y recibió una verdadera paliza. Como era de esperar, cuando no tiene argumentos para encarar su política internacional regresiva, atacó a Cuba y a Fidel Castro, a quien no dudó en calificar de «dictador cruel» que está llegando a su fin.

Ante tremenda diatriba –el rubio del norte, dictador de dictadores–, recibió la respuesta digna de la dirigencia cubana. «Bush es responsable del asesinato de más de 1.600 civiles en Irak, autorizó la tortura de prisioneros en la base naval de Guantánamo y el secuestro de personas, vuelos clandestinos y cárceles secretas», fue parte de la nota oficial que emitió el gobierno de la isla.

También comentaron los cubanos que Bush es «un criminal» que «no tiene ni autoridad moral ni credibilidad para juzgar a ningún otro país», por eso «Cuba condena y rechaza cada letra de su infame diatriba».

Por su parte, el canciller cubano, Felipe Pérez Roque, tampoco ahorró palabras para sentar en el banquillo de los acusados a Bush: «Es un curioso guerrero que desde la retaguardia manda a matar y morir a los jóvenes de su país, a miles de kilómetros de sus costas», agregó. Dos horas después, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, tomó la palabra en la Asamblea General y cuestionó a la potencia imperialista del norte de América «por imponer un bloque brutal» sobre la isla socialista. «Bush representa un sistema que ha mandado a asesinar a Fidel Castro, al cual honramos porque ha sido extraordinariamente solidario» con los pueblos latinoamericanos, dijo el primer mandatario de Nicaragua.

A esto le agregó: «Lo que hoy se presenta como la democracia más ejemplar en el mundo es la tiranía, la dictadura más gigantesca y más impresionante que ha existido a lo largo de la historia de la humanidad, la tiranía del imperio norteamericano», acotó Ortega.

Muy pocas veces, en la sede de la ONU, un presidente de Estados Unidos recibió tan digna respuesta de un país como Nicaragua, que fue víctima de la agresión imperial, derramando de sangre los campos de Rubén Darío.

El gesto de Ortega muestra que la potencia imperial dirigida por un fanático reaccionario no tiene cabida en un mundo donde la diversidad ideológica y cultural se abre paso, a pesar de que el Pentágono anda a la caza de ideas en cualquier rincón del mundo, incluso dentro de su propio territorio.

Con este debate ha quedado claro para el mundo que Bush no encuentra espacio al no lograr acallar las voces que lo enfrentan. Sólo le resta esperar cómo, poco a poco, su pueblo también lo irá apartando de la historia, dejándolo en el rincón de la ropa vieja.

Su fracaso en Irak es total. Su política de permanentes amenazas contra Irán y Venezuela, además de Cuba, es signos negativo y peligroso, pero a la vez está marcando la crisis generalizada en que ha entrado la administración Bush y las aves guerreras del Pentágono.

La ONU recobró ayer su dignidad, en base a dos países pequeños que no se dejaron pasar por arriba por un presidente que tiene, por su capacidad política, económica y militar, la responsabilidad de construir la paz y no de avivar la guerra.

Son horas éstas de que gobiernos, partidos y pueblos rodeen a Cuba y a Nicaragua, no para agudizar las contradicciones con Estados Unidos, pero sí para que la locura de la intromisión en los asuntos internos de otros países no prospere.

En estos días, en la ONU, se sintió la presencia de un aire fresco de libertad y de tolerancia, a pesar de que quien usurpa la Casa Blanca sólo se siente cómodo con el sonido de los tambores de guerra. *

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