"¡El Helios no se va!"
Estas son las ironías de la vida.
El próximo 15 de febrero se produce el «recambio» (?) en el Parlamento.
Algunos, sin otros méritos que las palancas visiblemente inmorales de líderes de divisas ya desmerecidas, estarán nuevamente sentados allí, para buscar de enlentecer el inevitable flujo progresista. Para tratar de frenar, en favor del «statu quo», el avance de la justicia, la verdad y la moral.
Inclusive hasta algún senador que fuera catalogado de «traidor» por sus ex compañeros de gremio, por los «méritos» que, con el fin de subir y llegar, ha hecho para con el «capanga» de su grupo.
Otros, en cambio, que han dedicado su vida a apoyar al desvalido, al perseguido, al golpeado, no han obtenido el «quórum» necesario para ser electos.
Es el caso del compañero Sarthou.
¿Acaso no hay en esta bendita tierra, por lo menos, veinte mil trabajadores que por un momento de atención a sus problemas personales o colectivos no le deban al compañero una mínima respuesta de reciprocidad?
Parecería que el hombre es el único animal que no vindica la rama sobre la que está apoyado y la serrucha.
Porque lo han consultado, las veces que han entendido necesario, a cualquier hora y en cualquier circunstancia. Lo siguen consultando ahora y lo seguirán haciendo en el futuro. Es el hombre de confianza a quien recurrir en los momentos difíciles y hasta el paño de lágrimas de cualquier circunstancia laboral y humana azarosa. Pero en el momento de votar, aún con los antecedentes de Helios a la vista, no se percataron de la importancia de seguirlo teniendo en el Parlamento.
Quizás deslumbrados por «booms» del momento, productos de la maquinación maquiavélica de la conjunción de la derecha con sus medios de comunicación.
Desde la cátedra misma, desde el consejo leal y desinteresado, y, sobre todo, desde el púlpito de humildad y humanismo que es su vida, siempre dictó cátedra.
Ahora no va estar en el Parlamento para, desde ahí, poner su grito de alerta y su esfuerzo enjundioso en favor de la defensa de los más infelices y perseguidos.
¿Quién habrá de luchar por su salario?, como dice el Horacio.
Felizmente, «el Helios no se va», cambia simplemente de trinchera. Sigue dictando cátedra desde donde más se le necesita: en la vida. Y eso es lo importante.
Este es un momento de reflexión. De «rendición de cuentas» como lo ha llamado él, no pudiendo olvidar su carácter de mandatario de la gente. También de reflexión de los que, al privarse de su presencia en el Parlamento, se han amputado voluntariamente su más valiosa arma defensiva.
Sería bueno que el 14, cuando salga transitoriamente del Parlamento, todos los que algo le debemos, por su apoyo material y moral, o simplemente por reconocimiento al invalorable compañero, estemos presente para gritar con bronca «Â¡el Helios no se va!».
Sólo ha cambiado momentáneamente de trinchera para seguir peleando.
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