De corazón

E l presidente Tabaré Vázquez comenzó ayer muy temprano su actividad, realizando una caminata entre su domicilio particular y la residencia oficial de la Avenida Suárez, sede del gobierno.

Vázquez hizo hincapié en la necesidad de hacer deporte para prevenir las enfermedades cardiovasculares, principal causa de muerte en Uruguay.

A la vez informó que en la Semana del Corazón, actividad organizada por la Comisión Honoraria para la Salud Cardiovascular que promueve los hábitos saludables para prevenir las enfermedades del aparato circulatorio, se realizará una serie de actividades para enfrentar el sedentarismo. La caminata, agregó Vázquez, es «un simbolismo para implantar la idea de hacer ejercicio».

Estos gestos del presidente de la República muestran a un dirigente político que actúa en varios planos y que no abandona su condición de médico, sino que la refuerza.

Muchas veces se ha creído desde la izquierda que los cambios sólo tienen que ver con las propuestas programáticas, que por lo general son estructurales, sino que también tienen estrecha relación con aquellos cambios vinculados a los procesos culturales, donde tienen mucha fuerza los estilos de vida y los hábitos alimenticios.

El presidente Vázquez ha dado una gran batalla, donde va triunfante, para disminuir el consumo de tabaco, uno de los mayores males que acosan a la humanidad y a los uruguayos.

Batalla que, por cierto, fue ganada por paliza, a pesar de que algunos casos contados con los dedos de una mano se opusieron, tratando de transformarse en opositores mediáticos. Fracasaron y Uruguay siguió andando.

Estos cambios culturales tienen un gran significado, en la medida en que trascienden a toda la sociedad, aunque no tengan el impacto de los grandes cambios económicos.

Vázquez, con estos gestos, llega al corazón de la familia uruguaya, en la cual el niño exige a sus padres que cuiden su salud con la misma sensibilidad que demuestran cuando protegen su televisor o lavan su auto.

El cuidado de la salud es, ante todo, un tema profundamente humano, porque prolonga las expectativas de vida, cosa que deseamos todos. Pero al mismo tiempo es una forma de ahorrar en los gastos médicos producto de los descuidos de los adultos, que puede ser destinado a la niñez, el sector más débil y con mayor perspectiva de la sociedad.

Estamos, por cierto, ante un Presidente que no sólo hace política y maneja los resortes del poder, sino que se preocupa del «detalle» de la vida humana, que muchas veces es más trascendente que los grandes anuncios sobre los éxitos macroeconómicos y las posibilidades de inversión de los capitales extranjeros para poder generar nuevos empleos.

Muchas veces se ha hablado del alcance de la propuesta de cambio del Frente Amplio, que se está concretando por medio de reformas, pero hay que hablar también de estos cambios culturales que el Presidente promueve desde su sensibilidad de médico.

Quizá también en este tema, como en tanto otros, el gobierno no ha logrado un fuerte impacto porque el gremio de los anestesistas se ha apartado de esa sensibilidad que está imponiendo un presidente comprometido con la salud de los uruguayos, seguramente porque muchas veces ha tenido que dialogar con la muerte, aunque seguramente nunca lo deseó.

El tema de la salud de los uruguayos, quienes sólo suelen ponerse ropa deportiva para ir al supermercado a comprar vino y pastas los días domingo, es un desafío revolucionario y trascendente que tendría que ser asumido por toda la sociedad, desde el jardín de infantes hasta los círculos de los abuelos. *

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