Los riesgos de una cruenta "escabechina" (*) política para las derechas europeas
En estos días ha escrito José Vidal-Beneyto en España refiriéndose al ascenso del Partido Libertad, liderado por Jörg Haider en Austria.
«Todos sabemos que Haider está montado en un patrimonio de origen nazi, que sus padres militaron en las filas hitlerianas y que él mismo ha elogiado determinados logros de la Alemania nacional-socialista. Pero si aplicamos esos parámetros matrimonial, familiar y evaluativo, traducido en equivalentes franquistas a la clase política española, podríamos hacer una cuenta y, en ciertos casos injusta escabechina.» (El País, jueves 10 de febrero)
La vertiginosa unanimidad de las derechas europeas en fulminar, con un pronunciamiento de la Unión desde Bruselas, el ingreso al gobierno del Partido Libertad, liderado por Haider suscita algunas reflexiones sobre los viejos problemas del fascismo, el racismo, la exclusión y los prejuicios étnicos, de los que el mundo occidental parece no poder desprenderse.
No sólo en Europa, también en la pretendida tierra de promisión para la democracia y la igualdad que se pretenden los Estados Unidos de Norteamérica.
El caso de Austria está lejos de constituir un hecho aislado: es de sobra conocida la existencia de un activo movimiento neo-nazi en Alemania, que con alzas y bajas electorales mantiene su presencia en Francia, en Front National, liderado por el siniestro Le Pen, no hace mucho tiempo en Italia se vivió un período de auge del ultranacionalismo fascitizante, etcétera.
Todo parece indicar que el apoyo electoral que estos movimientos consiguen está relacionado con una serie de fenómenos de tipo económico y social que son análogos en casi todos los países más o menos prósperos de «la fortaleza europea», y en los Estados Unidos.
Son, de un modo u otro, respuestas a los procesos acelerados de integración económica en áreas geopolíticas que generan «hijos y entenados» dentro del propio país y al mismo tiempo la globalización –como ha sido dicho– tecnológica y económicamente vivida como agresión a las culturas diferenciadas y a las identidades colectivas.
El citado analista español agrega que «el funcionamiento sectario y patrimonial de los partidos, en las actuales sociedades mediáticas de masa tan proclives a la personalización de poder; y el pensamiento único, la exclusiva y excluyente estructura ideológica de nuestros sistemas políticos democráticos, con los derechos humanos como su eje cardinal, son, por una parte, incompatibles con el fascismo y sus derivados directos –nazismo, franquismo, etc.– hacen por otra parte inevitable la emergencia de los comportamientos nacional-populistas, de los que el fascismo es su modalidad extrema».
Es sobre la evolución de estos partidos populistas de derecha, en la hora de la globalización, sobre las que hay que prestar atención en el momento de la reaparición de las tendencias xenófobas, racistas y fascistizantes.
Lejos de pretender agotar un tema que da para muchas reflexiones, válidas inclusive para nuestras circunstancias latinoamericanas, vale la pena detenerse en un aspecto de esta especie de recidiva de la ultraderecha europea.
Tiene que ver con la relación que un pueblo entabla con su propio pasado, con mojones cardinales de su existencia como nación.
Es sabida la fervorosa acogida que en los años 30 tuvo en Austria el proceso de unificación con la Alemania de Hitler.
Ha sido clara también la responsabilidad criminal –y a menudo con impunidad, caso Kurt Waldheim–, de muchos militares, policías y verdugos austríacos en los campos de exterminio del horroroso holocausto.
Sin embargo, como desde hace decenios se ha venido denunciando, ese pueblo se ha instalado «en una confortable pero malsana amnesia histórica, responsable de lo que sus mejores intelectuales llaman «déficit de culpabilidad».
Como se ve la cuestión austriaca tiene aristas que lindan con los problemas de la reconstrucción de la memoria colectiva y la búsqueda de la verdad que nos son tan dolorosas y vigentes a los uruguayos.
*Escabechina: Riza, destrozo, estrado.2.fig. y fam. Abundancia de suspensos en un examen. (DRAE)
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