Unidad Reguladora de la Educación

Una nueva ley de educación traerá consigo una discusión acerca de la organización de nuestra educación. Desde el gobierno se ha dicho reiteradamente que se aspira a la conformación de un verdadero Sistema Educativo, al servicio del país, de su pueblo. Al mismo tiempo, desde algunas organizaciones de docentes se proponen modos de gobierno que les aseguren poder hegemónico. Por último, la Autonomía, consagrada desde la Constitución, suele atarse al cogobierno, similar al de la Universidad de la República (modelo tomado de la Universidad de Córdoba de principios del siglo XX). De alguna manera se ha de amalgamar con la tradicional división Primaria, Secundaria y UTU. En esta concepción cada uno de estos «Consejos» deberá ser autónomo y cogobernado, con mayor peso del orden docente (el argumento fundamental es que alumnos, ex alumnos y padres no poseen conocimiento técnico y pedagógico suficiente).

Descarnadamente, así está planteado el problema: asunto de poder.

En otras columnas publicadas desde hace unos años hemos planteado que un orden razonable para pensar estos temas podría se el de analizar:

El marco socio ­ económico ­ cultural mundial y su rumbo previsible

Las posibilidades y tendencias de inserción del Uruguay en el mismo

Las necesidades de formación para contar con la gente que le permita al país su desarrollo en el marco antedicho

Las necesidades de formación de los habitantes para poder participar, trabajar, disfrutar y vivir en ese país en desarrollo

Las políticas educativas necesarias para alcanzar la Visión definida

Los modelos educativos que, partiendo de la realidad y las posibilidades, logren realizar las políticas trazadas.

El modo de gobierno, administración y gestión que sea funcional a lo propuesto.

Ya no fue así.

De cualquier modo, sería bueno plantear algunos datos del problema para analizarlo mejor:

La Autonomía parece estar afirmada, no sólo por la Constitución, sino por una cultura que no estaría dispuesta a cambiarla.

La consolidación de un Sistema Educativo Nacional es una aspiración que recoge apoyos amplios, y parece una necesidad impostergable

Los puntos a) y b) presentan campos de contradicción

Hay que preguntarse en qué terreno es necesaria y/o saludable la autonomía: ¿el técnico ­ pedagógico, el político, el de gestión, el de administración?

Hay que poder desligar la autonomía de los modelos de gobierno y gestión existentes hasta hoy (sistema Udelar o de Consejos hasta el 60, o de Conae hasta el 85, o de ANEP desde esa fecha).

Hay que resolver una vinculación adecuada entre el Sistema Educativo y los Poderes Electos, que permita la conjugación de las Políticas Educativas y las Políticas Nacionales

Hay que tener un sistema flexible que permita la adaptación a situaciones rápidamente cambiantes, a la vez que le reconozca a los ciudadanos reconocimientos por sus aprendizajes para poder continuar estudiando y trabajando.

Parecería que para alcanzar un Sistema articulado el Ministerio ha de cumplir un rol muy diferente. También que la Autonomía técnico ­ pedagógica es imprescindible. Pero también parece que los modelos de gestión operados hasta ahora están perimidos. El establecimiento de políticas de educación, necesita estar avalado por el Poder Legislativo de modo que se adapte a las políticas productivas, económicas, sociales, de salud, etc., articulada con la globalidad de lo que la sociedad se propone para los años venideros.

Sería importante que las autoridades del sistema continúen contando con la aprobación del Legislativo, y que rindan cuentas acerca del grado de cumplimiento de las políticas y sus planes periódicamente ante él. Parece imprescindible que los docentes tengan representación en los órganos de gobierno de la educación. También que las Asambleas Técnico Docentes tengan mayor papel, lo que implica mayor exigencia en calidad; para lo cual habrá que darles organización, reglamentación y recursos diferentes.

Por último, hay que tener en cuenta que las fuentes de educación, formación, actualización y capacitación son ya muy diversas: educación formal, no formal, informal, vía Internet, en el propio trabajo, de manera autodidacta, de gestión estatal o de gestión privada… La necesidad de formación constante y la disponibilidad de abundante información y medios para adquirirla así lo hacen posible. Entonces: la organización del sistema formal estatal por sí solo no alcanza para generar un Sistema Nacional de Educación.

Pensando en una posibilidad que permita ordenar estos diferentes elementos, articularlos, complementarlos de modo de garantizar lo mejor para nuestros compatriotas, proponemos la idea de una Unidad Reguladora, como lo venimos sugiriendo desde el 15/5/05. Puede ser un organismo que cubra diferentes carencias, así como ordene varios aspectos del sistema. Deberá garantizar la organización del Sistema Nacional, protegiendo los derechos de los ciudadanos, controlando el cumplimiento de las normas vigentes y asegurando que los servicios regulados sean adecuados en cobertura pertinencia y nivel de calidad.

Continuaremos desarrollando el concepto. *

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