No estoy de acuerdo

Soy un respetuoso admirador del gallo de riña. Lucha hasta la muerte misma. Y justo es reconocer que el doctor Lacalle es un digno representante de ese gremio, sin perjuicio de tener una prolífera inventiva política creadora. Claro, en todos los órdenes hasta el mejor de los cristianos se puede exceder. Y a mi gusto, este sería un caso. Un amigo, socarronamente me alcanzó el diario «caganchero», donde se le hace un reportaje con el cual estábamos de acuerdo, hasta llegar a la pregunta del «millón». Allí, descarta unas propuestas coyunturales sobre el voto consular y la eliminación de la segunda vuelta por el senador Rubio es una posible reforma constitucional futura. Es obvio que se quiere hacer un «salvataje» frentista en el mismo, para tratar un futuro éxito electoral que en los hechos se va «enturbiando» cada vez más en el tiempo. Hasta allí, en un todo de acuerdo con el ex Presidente. Pero viene el «toquecito» donde se me «pudre la fruta». Sugiere que en la presumible reforma, de producirse, se permitan las «alianzas de partidos» como en Chile y que en la nuestra no son aceptadas. ¿Qué podemos interpretar por esto? Que por ejemplo en acuerdos programáticos previos comunes, aunque se puedan mantener «individualidades», puedan acumular o sumar partidos opuestos, etc. O sea, aceptar que partidos de la oposición, el que gobierna con su propia mayoría no tendría necesidad aunque podría también intentarlo, se junten, como en el sistema trasandino, logrando mayorías electorales más o menos permanentes. En Chile llevan cuatro elecciones entre dos partidos «aparentemente» adversarios. Macanudo. En primer lugar opino que es tenerse poca fe a ganar por sí mismo. Los blancos vienen demasiado bien posicionados en todos sus frentes como para regalar o repartir un futuro promisorio con fuerzas muy magras o tradicionalmente enemigas viscerales que muy poco agregarían y más bien quitan opinión pública particularmente la partidaria, que ve con «asco» esos «acuerdetes».

Es obvio, que de concretarse ese engendro intelectual, muy viejo por cierto (los fusionismos, los constitucionalistas o las «familias ideológicas» de Julio María…) no obstante el mayor respeto que me merecen tanto la Unión Cívica como el Partido Independiente, muy respetables como dignas colectividades, es con los colorados la presunta «amistad» o intento de acuerdos con los que, al final postrero, sospecho, llegaría contra mi gusto, a esa tan sofisticada conjunción. ¡Sería tirar a las cloacas 171 años de historia gloriosa construyendo la patria! Espero equivocarme, si esa fuese la intención. ¡Con los colorados, ni a Misa! 171 años de traiciones, canalladas, crímenes y masacres (Paysandú, por ej.) persecuciones, postergaciones arbitrarias y bellaquerías diversas, son material histórico suficiente como para mandarlos a la «puta que los parió». En los 150 años de la muerte del vasco Don Manuel, ningún blanco bien parido, puede olvidar su exilio y hasta hoy las diatribas, infamias y calumnias que sobre el Libertador de la Patria los «salvajes» siguen diciendo, negándole hasta lo imposible, toda su grandeza. Tampoco podemos obviar Paysandú, la Heroica, con su jefe blanco general Leandro Gómez enfrentando con dignidad, coraje y grandeza el pelotón de fusilamiento por defender la soberanía nacional que los colorados «Añamembui» Venancio y el asesino del Goyo «Jeta» Suárez, respaldados por los imperiales, habían entregado. Tampoco pasar por alto los balazos por la espalda al mártir Fco. Lavandería al proteger con su cuerpo mismo la pureza de la urna sagrada, violada por los colorados, Pancho Belén e Isaac de Tezanos sus ejecutores, en el Atrio de la Catedral. Ni el crimen del presidente Berro, también a balazos por el solo hecho de ser blanco. Tú mismo, Luis Alberto, en la familia tan dignificada como histórica tuya, en uno de sus mayores altares tienes a Luis de Herrera, hermano de Juan José y tío de tu glorioso abuelo Luis Alberto, muerto bajo tortura espantosa, atado a la rueda de carreta donde lo mutilaron muriendo desangrado por los colorados de Brígido Silveyra, caudillo del carnicero general César Díaz! ¡Muy colorado, agrego yo! Recordando, ya que lo nombro, su famosa carta a Tomás Gomensoro: «El Partido Colorado debe ponerse de pie, exterminando de la faz de la tierra a esa raza maldita (nosotros los blancos), no escatime ejecuciones, deje que sus sangres corran a raudales… ¡Firmado y sellado por el general César Díaz! ¡Muy colorado, agrego yo! Ni ignoremos a Saravia en Masoller y el pedido de don Pepe a Teodoro Roosevelt, su amigo del alma, a intervenir en el Uruguay para terminar con Aparicio.

Los yankis cumplieron con los colorados. Cuatro barcos de guerra llegaron a nuestras costas: El Marieta, el Castine, El Brooklin y el Atlanta, una semana después de la muerte del Aguila del Cordobés gloriosa, en Masoller. Tú y yo y muchos otros que hoy aún existen vimos a las hordas batllistas aliadas con los bolches gritando, a «voz en cuello: ¡Herrera a la cárcel y quemar El Debate! Era chico y los miraba pasar «vichando» asustado por las persianas de mi casa en dirección al Palacio Legislativo, en Sierra, hoy calle Fernández Crespo, pidiendo poco menos que las cabezas de los blancos a quienes pertenecían nuestras familias. Después lo de Wilson comunista, o la «embestida baguala» cuya paternidad muchos se la atribuyen al «julismo» y tú sufriste. ¡Hoy están deshechos! Es el justo triunfo histórico después de 100 años de Aparicio sobre el Pepe Batlle o del Libertados glorioso de don Manuel Oribe sobre el corrupto e infame Pardejón! Lo menos que podemos hacer es no arruinarles o arruinarnos la «fiesta funeraria» queriéndoles ayudar con los «Santos Oleos». ¡Acuerdo con los colorados, jamás! Le temen tanto al Frente Amplio, que para ellos somos menos malos! No gastemos pólvora en meros chimangos! Y si nos toca perder, que no creo, ¡no sería la primera vez! ¡Lo grave es ganar o perder sin dignidad asociándonos con ellos! ¡Nos pasaría lo que les está pasando, despreciados por la ciudadanía! Si el Partido Blanco ha llegado hasta hoy dignificado es por sus ideas, principios, tradiciones y entereza ante las adversidades. ¡Los blancos con los blancos! *

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