Contrapunto

Empezando por el «copete» de la nota (2): Cuando en un partido de fútbol, los locatarios festejan su «triunfo», y los visitantes vociferan porque «los otros hicieron tiempo» y el juez no les cobró aquel penal sobre la hora, no se les está quitando a los locatarios el derecho de festejar. Cada uno manifiesta lo que siente, en la forma que lo siente, y no se recortan los derechos de nadie. Mientras no se «arme piñata», claro.

Siguiendo por el título (1): La batalla se ganará cuando:

Tercero: se logre/n hacer funcionar la/s planta/s sin que se produzca contaminación ni molestias para nadie. Ya sabemos lo que pasó hace unos días con el escape de sustancias tóxicas. Y las consecuencias no se arreglan haciendo como que se echa a algún «responsable» tomado de cabeza de turco.

Segundo: Si resulta finalmente un emprendimiento que dé realmente trabajo, en la dimensión en que se ha prometido, y de paso, le «deja algo» al país., y

Primero: Si el funcionamiento no está cimentado en la depredación de las mejores tierras aptas para otros cultivos más nobles, como los alimentarios, y el vaciamiento inútil y acelerado de las vetas de una de nuestras mayores riquezas yacentes, que es el agua, por la implantación del monocultivo de los sedientos eucaliptos.

Recién cumplidos estos requisitos imprescindibles, y otros que me han quedado en el tintero, habrá algo para festejar.

No se trata, además, de un «fanatismo naturalista». No alcanza con intentar descalificar al otro. Hasta el más ciego puede visualizar lo que está resultando de los efectos de la contaminación del planeta, con riesgos palpables de supervivencia.

Las actitudes tomadas en la vecina orilla, han sido la consecuencia lógica de la inconsulta, (a todo nivel) instalación de industrias de gran porte, potencialmente peligrosas, por decirlo de alguna forma suavizada.

Nadie que instale en la azotea de su casa un equipo de audio de alto poder sonoro, que tenga prendido funcionando hasta las cinco de la mañana, puede quejarse, si algún vecino le rompe un vidrio de una pedrada..

Analizar el «terrorismo» del acto de la pedrada sin mirar si hubo alguna causa que la provocara es una simplificación infantil. Que muestra la endeblez de los argumentos propios.

Sería interesante, además, hacer una encuesta, aquí, para poder comparar la cifra ¿similar? que daría respecto a la opinión de los adolescentes uruguayos, respecto a los vecinos, luego de la campaña patriotera iniciada por el gobierno y continuada con la amplificación de la prensa (actitudes como la de Valenti, mediante), y hecha suya, sin ningún esfuerzo, por la derecha vernácula.

Por el camino de la soberbia («Todo está en discusión menos el emplazamiento, la construcción y el funcionamiento de las plantas»), no hay meta feliz posible. La soberanía de unos termina donde empieza el avasallamiento de los derechos de los otros. No nos hagamos las víctimas de la «discriminación», mientras seamos capaces de generar reacciones y resentimientos. Y el festejo quedará para el momento en que los cambios y la modernización no sean para peor.

Que detrás de esos dos fenómenos promocionados como positivos en sí mismos suelen aparecer engendros como estos de las plantas de celulosa. No tanto por ellas mismas, con ser un peligro siempre potencial, sino por haber permitido que otros decidan por nosotros hasta lo que tenemos que plantar. Hagan aquí, porque es más barato y más rápido, lo que no les dejan hacer en sus tierras.

Y se lleven todos los resultados y nos dejen, como ha sido siempre, los espejitos para poder mirarnos las caras de idiotas. *

(1)»La batalla no se gana ni se pierde hoy: lo que importa es que Botnia funcione», LA REPUBLICA, pág. 4(2) «Hay que impedir que nos quiten el derecho afestejar los éxitos del país».

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