Otra vez suenan los tambores de guerra

B ombardear Irán, una posibilidad no descartada por EEUU e Israel, desencadenaría un peligroso ciclo de violencia para Medio Oriente y el mundo. La Casa Blanca comenzó un programa cuidadosamente calibrado para aumentar las presiones contra Teherán, las cuales podrían desembocar en otro demencial ataque armado. Estrategas del Pentágono y la CIA definieron hasta dos mil posibles objetivos, en caso de que Washington opte por la agresión militar contra el país persa.

Según el Sunday Times y el New Yorker, un equipo del Pentágono –que responde a Cheney y no a Gates– ha elaborado planes que contemplan bombardeos a Irán. Uno de ellos castigaría todos los objetivos militares durante varios días, en particular cuarteles de los Pasdarán, la guardia islámica.

Joseph Henrotin, especialista en Defensa y Seguridad Internacional, reveló que según un simulacro efectuado por los militares, un ataque aéreo debería apuntar contra centenares de objetivos, además de laboratorios como el de Natanz, la central de Buchehr, la usina de agua pesada de Arak y otros centros de investigación atómica. Esto está al alcance de los norteamericanos que, además de su aviación, disponen de misiles crucero y bombarderos furtivos, e incluso de los israelíes, con F15-I y F16-I dotados de reservas adicionales, confesó Henrotin.

Tel Aviv estaría negociando con Washington la apertura de un corredor aéreo para lanzar una ofensiva militar contra Irán. Según The Daily Telegraph, que cita como fuente a un alto funcionario de defensa israelí, Israel necesita la autorización del Pentágono para que sus aviones de guerra puedan atravesar el espacio aéreo iraquí y atacar al gobierno de Teherán. En 1981, la Fuerza Aérea israelí destruyó la central nuclear Osirak, en Irak, operación repudiada por la comunidad internacional en pleno.

En las últimas semanas, la prensa conservadora norteamericana ha estado incrementando sus ataques contra Irán, debido sobre todo a la frustración causada por la negativa de la mayor parte de la comunidad internacional a secundar las sanciones unilaterales estadounidenses contra Teherán.

Las conversaciones sobre un posible ataque estadounidense se están intensificando en Washington. Surgieron informes de que la oficina del vicepresidente Cheney le ha dado instrucciones a los expertos conservadores de que comiencen una campaña para atacar a ese país. Cheney y su asesor informal, Rumsfeld, no descartan incluso el empleo de armas nucleares para pulverizar refugios y usinas iraníes.

El extremista ultraconservador John Bolton, antiguo embajador norteamericano en la ONU, ha afirmado que espera que «en el plazo de seis meses» estalle una guerra entre EEUU e Irán.

Las afirmaciones de Bolton encajan bien con su personalidad. Durante el tiempo en que ocupó el cargo de subsecretario para el Control de Armas se dedicó a acusar a varios estados, incluyendo Irak, Irán, Cuba y Siria, de querer producir armas de destrucción masiva, una acusación además extraña viniendo del país que posee los mayores stocks de este tipo de armas en el mundo. Cuando acusó públicamente a Cuba de estar desarrollando armas biológicas, el ex presidente Jimmy Carter salió públicamente a la palestra para desmentir tales acusaciones.

Hoy los ultraconservadores alaban el nuevo libro de Michael Ledeen, «La bomba de tiempo iraní: la búsqueda de la destrucción de los fanáticos mullah», y lo utilizan como teoría para las futuras aventuras belicistas de la Casa Blanca. Además, la conservadora Heritage Foundation no pierde el tiempo. Llevó a cabo en Washington un simulacro de guerra, en el que participaron organismos del gobierno de Bush, cuyo objetivo era anticipar las respuestas iraníes a una campaña de bombardeos estadounidenses.

En las próximas semanas y meses EEUU incrementará las tensiones. Los tambores de guerra del presidente Bush vuelven a sonar. Y cuando antes sonaron, las consecuencias fueron letales, para todos. *

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