Los resultados de una política exterior acertada

La gira que viene desarrollando el presidente Vázquez por el viejo mundo –acompañado de tres de sus ministros– terminó de desvirtuar definitivamente, con hechos inapelables, las reiteradas críticas de la oposición hacia la política exterior del gobierno.

Recordemos que, apenas instalado el gobierno progresista, arreciaron los cuestionamientos de los partidos del llano contra el canciller Gargano en particular y contra el diseño de la política exterior del gobierno en general. Recurrentemente, se hablaba de «política errática», de falta de objetivos claros, de vaivenes, vacilaciones, etcétera. Se personalizaba en el jefe de la diplomacia uruguaya, Reinaldo Gargano, las supuestas enormes falencias y contradicciones del gobierno en materia de política exterior, y es así que en reiteradas ocasiones desde la oposición se exigió su renuncia.

Las críticas tuvieron momentos de alta tensión. Notoriamente, en lo que tiene que ver con la inserción internacional del país y con la apuesta al desarrollo y profundización del Mercosur, en oposición con la consigna propugnada por blancos y colorados de una virtual ruptura con el bloque regional y la consiguiente «apertura al mundo». Vinculado con esto, la propuesta de un TLC con EEUU –asunto que generó disidencias en la interna frentista– fue aprovechada para volver a reclamar la renuncia de Gargano. Y ante el conflicto absurdo que se mantiene con Argentina en razón de la instalación de la planta de Botnia, llovieron las críticas opositoras hacia la Cancillería, exigiendo ora una actitud de mayor firmeza, ora una mejor disposición al diálogo.

Sin embargo, a poco que se haga un repaso de lo que ha sido la política exterior del gobierno y que se analicen sus resultados, podrá verse fácilmente que dicha política, lejos de conducir al país por sendas equivocadas y de aislarlo del mundo, ha consolidado nuestra imagen internacional, ha afianzado las relaciones internacionales del país y lo ha mantenido dentro del bloque regional sin por ello renunciar a señalar los aspectos negativos que resta corregir del Mercosur.

El país ha sabido mantener una nada despreciable independencia, una respetuosa autonomía que le permite afianzar sus relaciones dentro del acuerdo regional y, a la vez, tender lazos comerciales con otros países del globo; es decir, una apertura al mundo sin por ello afectar la unidad del Mercosur.

La gira emprendida un tiempo atrás por Oriente Medio y el encuentro con empresarios árabes abrió perspectivas auspiciosas; del mismo modo que otra gira europea que abarcó Alemania. Las relaciones comerciales con EEUU no se han visto entorpecidas por el hecho de no haber firmado un TLC. El diferendo con Argentina parece encaminarse hacia una posible solución gracias al esfuerzo facilitador del Reino de España pero también gracias a la firmeza prudente del gobierno uruguayo. Y por último, esta gira europea por Bélgica y la Península Ibérica vuelve a abrir expectativas prometedoras para el crecimiento de nuestra economía.

El país ha sabido manejar con inteligencia no sólo el conflicto con Argentina sino, también, los pequeños encontronazos y desacuerdos con sus socios del Mercosur, exhibiendo moderación y firmeza a la vez, sin claudicar en sus pretensiones y en la defensa de sus legítimos derechos. Ha sabido observar un delicado equilibrio ante las pretensiones de liderazgo que han enfrentado a algunos de nuestros socios mayores. Ha mantenido la necesaria equidistancia sin alinearse en una u otra tendencia.

La oposición se ha visto desprovista, así, de argumentos creíbles para sus críticas a la política exterior del gobierno. *

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