El Mercosur: una herramienta útil para los poderosos

Leopoldo Amondarain

Por más que la «prensa grande» nos quiera convencer, es obvio que nada de lo impuesto ha funcionado. La situación económica viene agravándose a medida que pasa el tiempo. Unos por acción, los colorados, y otros por omisión o cumplimiento servil a la coalición formal adherida, los blancos, somos responsables de los resultados.

Por supuesto, las crisis de los «tigres de Asia», del «tequila mexicano» o la del Brasil cargan con las culpas de los desastres.

No se dice que tampoco ha habido previsión ni medidas eficaces para paliarlas. El Mercosur, sobre el cual –justo es consignar– todos los partidos estuvieron de acuerdo, incluyendo el Frente Amplio, no funciona o funciona, como la mayor parte de las veces pasa, en favor de los «grandes». El canciller brasileño, hace poco tiempo, declaraba sin mayor prurito que la economía e importaciones uruguayas no gravitan en las finanzas del gobierno del Brasil. Y dijo la verdad. Lo grave es que con esa explicación justificaba el cierre del arroz uruguayo al mercado norteño, «clavándonos» con una de las más jugosas producciones nuestras y agravando la crisis existente. ¿Y el Mercosur? ¡Bien gracias! Funciona cuando ellos quieren o les conviene.

A renglón seguido, en Argentina, en algo menor como es la producción de bicicletas, cerró la importación uruguaya obligando a que las fábricas que funcionaban en nuestro país con obreros orientales, se tenga que trasladar para la vecina orilla pues si no, se funden. La producción, importación y mano de obra se fugarían del Uruguay. No nos dejarían los triciclos para los «nenes». O sea, a Uruguay y a Paraguay sólo nos queda el papel de «cuzquitos» ladradores que recorren el espectro político de cancillería en cancillería.

Algunas muy pocas veces nos llevan el apunte y las más resuelven entre ellos.

No existimos. Las políticas globalizadas lo mismo. Estamos siendo víctimas de la desnacionalización de las patrias chicas por obsecuencia, falta de imaginación y coraje en enfrentarlos. La resignación parece ser la meta. La globalización, en cambio, no afecta sino que protege y fomenta a las grandes potencias que siguen fagocitando nuestras economías y en desmedro de nuestras soberanías.

Cada vez más somos menos libres de resolver nada. Y da lástima y hasta desprecio ver el entreguismo de la mayor parte de los gobiernos incluyendo el nuestro.

La única imagen que se perfila en el horizonte es la actitud venezolana que empieza a romper los esquemas establecidos. Por lo pronto ese «eje» formado, Caracas – La Habana, al margen de las discrepancias «horrorosas» que se puedan tener con el régimen cubano, Fidel es un referente antiimperialista y a su modo nacionalista, mal que nos pese. La visión de Chávez y su independencia al resolver la creación de ese frente es auspiciosa y atractiva. Por demás, la resolución de reflotar la OPEP buscando crear otro polo poderoso con los árabes para enfrentar esa globalización salvje, nos presenta una visión por demás lúcida de defender las producciones nacionales como el petróleo en su caso.

Ha empezado por esta iniciativa, pero buena cosa es «relojear» futuros acuerdos y –por qué no– sociedades con esas naciones hermanas con intereses y realidades económicas y a la larga también sociales afines. No oculto ni disimulo simpatías con esas patrias hermanas contra los imperialismos que ahogan y explotan a nuestros pueblos. La pacatez y temor en contra del régimen cubano a esta altura no pasa de ser una estupidez. Los propios yanquis cuando tenían que transar con los bolches rusos en su tiempo, lo hacían y hoy mismo lo hacen con los chinos toda vez que les conviene.

Es tonto, entonces, que nosotros que somos los más necesitados, nos pongamos «puritanos» para terminar siendo víctimas de las políticas globalizadas que nos absorben y masifican haciéndonos, a la larga o a la corta, desaparecer. Sigue, entonces, siendo un ejemplo el «llanero» Chávez. El presidente venezolano se nos presenta como todo un nacionalista y un ejemplo a respaldar.

Todos sus pasos, incluido el oxígeno insuflado a Cuba con sus formas independientes y fortalecimientos de sus economías contra el desborde de las potencias imperiales capitalistas y globalizadas, lo confirmaron. Es atractivo como se dijo el apoyo de esas políticas que renacen en el norte y que no son nuevas en América: Perón, Getulio, etcétera, existieron como ejemplos.

Ellos nos pueden defender el pellejo más que los mercosures lamentables que nos obligan a diario a cerrar fábricas, empresas y comercios nacionales con la desocupación consiguiente y su crisis correlativa. Si a eso se le suma la globalización creciente, tenemos como resultado la extinción de la producción nacional en manos extranjeras. Desapareció la industria textil ayer, las aguas minerales excelentes que eran nuestras ya son extranjeras, y mañana será la Conaprole que pasará a manos «gringas» por citar las más emblemáticas. Mientras tanto nuestros políticos discuten y se reparten ministerios, entes y embajaditas.

Miremos a Chávez.

Es el ejemplo que surge actualizado de independencia y dignidad que amanece en el continente.

*Convencional del Partido Nacional

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