Nuevas incorporaciones al Encuentro Progresista
Como decíamos en nuestro editorial de ayer, la propuesta de conformar un ‘frente grande’ parece ir cuajando en la medida que se definen dos líneas políticas antagónicas; una de ellas, representada por los partidos tradicionales coaligados y la otra, por el EP-FA.
Un hecho reciente parece confirmar tal afirmación. Según se ha informado, acaban de producirse nuevas incorporaciones al Encuentro Progresista. Se trata de grupos de extracción nacionalista que han abandonado el viejo lema y han resuelto continuar su militancia política en esa suerte de ‘frente grande’ que es el EP.
Cristina Pérez, ex edila blanca de Maldonado, ya había anunciado su intención de votar la opción progresista en el balotaje de noviembre pasado y hoy ha formalizado su integración a la coalición liderada por Tabaré Vázquez. El otro es uno de nuestros columnistas, el ex diputado Rubén Martínez Huelmo, quien desde hace ya un tiempo venía manifestando discrepancias con la conducción partidaria.
¿A qué se debe esta deserción y la consiguiente incorporación a otra fuerza política?
Alguien podría explicar esquemáticamente el hecho diciendo que ambos dirigentes dieron un vuelco a la izquierda. Que abandonaron sus convicciones y su ideología, se volvieron socialistas y abrazaron la causa frentista. Nada más simplista y más falso: ocurre sencillamente que el Partido de Oribe –donde florecieron posturas francamente progresistas como el Radicalismo Blando de Carnelli, o el grupo liderado por Quijano, o el wilsonismo– ha resignado su ‘ala izquierda’ (al igual que el Partido Colorado, que Vaillant tuvo que abandonar para integrarse también al EP) de modo tal que las posiciones progresistas ya no tienen cabida en su seno.
En la medida que los viejos lemas se despojaron de sus opciones progresistas –fenómeno permitido por el doble voto simultáneo con el beneplácito de las cúpulas dirigentes– las posiciones ‘de izquierda’ en el seno de ambas colectividades históricas ya no tuvieron lugar.
Concomitantemente con un viraje a la derecha de ambos partidos, hecho que viene verificándose desde el retorno a la democracia, la reforma constitucional de 1996 vino a dar un marco legal a esa tendencia en la medida que propició una transparencia hasta entonces desconocida. Al incorporar la elección interna para elegir a un único candidato a la Presidencia por lema, ya no fue posible la coexistencia dentro de un partido tradicional de posiciones políticas antagónicas como otrora ocurría. Con el sistema actual es impensable que convivan y voten juntos quienes tienen visiones y modelos de país opuestos. Ya nadie puede llamarse a engaño: ya no hay posiblidad de votar por un candidato y terminar dando el voto al adversario interno, puesto que el pleito había sido dirimido en las internas.
Por otro lado, el discurso suavizado de la coalición de izquierda actúa como atractivo para captar adherentes que habían militado en los lemas tradicionales. Quienes (como Martínez Huelmo o Cristina Pérez) no están dispuestos a seguir militando en un partido que no los representa, advierten que la mayoría de los postulados del wilsonismo (recuérdese el contenido de «Nuestro Compromiso con usted») están contemplados en la propuesta programática del EP. Y en consecuencia –sin duda con dolor pero con lucidez– optan por continuar su lucha en la colectividad política que les ofrece un lugar además de un proyecto que coincide con su percepción de la realidad.
Y esto que decimos de estos dos dirigentes blancos vale también para los batllistas que sienten que el Partido Colorado se ha alejado demasiado de su ideología primigenia, y ven muchas de sus banderas levantadas por las fuerzas progresistas.
El ‘frente grande’ parece ir consolidándose, ayudado por el rechazo casi unánime al fundamentalismo neoliberal.
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