Un grito por el Líbano, país de los cedros
A 14 meses de la intervención israelí contra Hezbolá, provocada por las fuerzas de la milicia islamista chiita, en el Sur del Líbano, la interpretación que se realizó en aquel entonces hoy queda totalmente clara de cuáles eran los objetivos de todas las fuerzas en pugna. Pero casi coincide que los intereses zonales y globales siguen en forma clara generando presiones, en un país donde entre ejércitos, milicias, y grupos armados, había por lo menos seis grupos o ejércitos diferentes, aparte del propio Ejército libanés. La realidad es que el dudoso éxito israelí en la misma, ya que Hezbolá se jacta de su enfrentamiento exitoso con uno de los ejércitos más importantes de la región, el cual los pudo destruir.
La realidad es que para Israel la neutralización bélica en la frontera Norte es un logro parcial, obtenido a través de 13.000 integrantes provisionales de las UN, que controlan dicha frontera, neutralizando la milicia chiita, que nunca debió existir en un país republicano.
En el país de los cedros se sumó una nueva amenaza sunnita extrema, influenciada por Al Qaeda. Una pequeña organización denominada Fatah al Islam y liderada por Shaker al-Absi irrumpió en el norte del Líbano, refugiándose en un campamento de palestinos que tiene varias décadas de existencia; hoy es casi una ciudad con autonomía propia.
Shaker, posiblemente muerto durante los combates recientes contra el Ejército libanés, es un palestino que huyó de Jordania, se fue a Siria y después se instaló en el norte de Líbano para abrir un negocio con la ayuda de los servicios de Inteligencia sirios. Decía como coartada estar reconduciendo la política palestina para reinstaurar la ley islámica o sharia, aspecto no compartido por los palestinos.
Trípoli, importante ciudad de predominio sunnita del norte de Líbano, y el campo de refugiados palestinos de Nahr al-Bared se han convertido en el cuartel general de esta oscura organización, según afirma un periodista libanés confiable, George Emile Irani.
Parecería que Al Qaeda tomó al Líbano como país posible de desestabilizar, y en consecuencia envió un grupo salafista extremo para formar y reconstruir un país islámico, que tanto los chiitas del Sur (Hezbolá) como unos pocos extremos sunnitas al norte, opuestos a la vez a los del Sur, también quieren hacer valer su interpretación integrista e islamista.
En un primer momento el Ejército libanés no actuó, pero luego, después de una guerra reciente en el Sur del país, cuyo Ejército, ni actuó, ni participo, el general Suleiman, comandante del Ejército decidió, con apoyo regional e internacional, arremeter contra Fatah al Islam, que tenía sus bases en el campo de refugiados palestinos.
Salieron más de 30.000 refugiados, para evitar pérdidas civiles. Hasta la fecha, la mayoría de las bajas son miembros del Ejército libanés y los terroristas armados procedentes de países árabes y no árabes, como Bangladesh y Chechenia.
La mayoría de los libaneses apoyó a su ejército, llegando a obtener un apoyo crítico de Hezbolá, (claro enemigo tribal de Fatah al Islam, pero con miedo de que ello signifique luego la estabilidad del Líbano y un operativo adverso a ellos, aunque hoy con apoyo de Siria e Irán, son seguramente una de las fuerzas militares más importantes que el propio ejército nacional del Líbano).
Junto con los incidentes de Nahr al-Bared se desataron nuevos enfrentamientos en otros campos de refugiados, fundamentalmente en el de Ain al-Hilwe, cerca de Sidón. Los incidentes últimos del enfrentamiento entre el Ejército y el grupo yihadista, con presunto apoyo de Al Qaeda, reabrieron el delicado y controvertido debate acerca de la presencia palestina en Líbano (las últimas cifras hablan de 150.000 a 200.000 palestinos repartidos entre los doce campos de refugiados del territorio libanés), según dice textualmente George Emile Irani.
Los asesinatos políticos continuaron, pese a un tribunal internacional que cumplía una función de disuasión, para que no se genere la continuación de los mismos. Ahora le tocó a Walid Eido, parlamentario libanés del Movimiento para el Futuro, fundado por el ex primer ministro Rafiq al Hariri, asesinado junto con su hijo, dirigente del mismo. Este asesinato junto al anterior condujeron a presionar a Siria a que se retire del país con su ejército, ya que se suponía era parte del objetivo de desestabilizar las instituciones para reimplantarlas por un gobierno más proclive a Siria.
Esta forma continuación de los asesinatos, llega en tiempos similares políticamente, casi junto con el grupo salafista Fatah al Islam, luego de que Hezbolá declarase hace 14 meses la guerra a Israel, solo, por su cuenta, sin consulta y en divergencia con el presidente y parlamento del Líbano.
El 42% son cristianos, siendo una mayoría relativa, sus rencillas internas comprometen su unidad. El presidente por la Constitución debe ser siempre de origen (cristiano maronita). Los maronitas se debaten a futuro, entre su lealtad al general Michel Aoun, que no esconde sus ambiciones presidenciales, y el Dr. Samir Geagea, líder de las Fuerzas Libanesas. Datos confirmados por George Emile Irani.
El gran desafío está entre la mayoría sunnita que apoya a Said Hariri, hijo del asesinado primer ministro Rafiq Hariri, ayudados por Arabia Saudita, Egipto y por otra parte los chiitas, de Hezbolá, apoyados por Siria e Irán. A la vez los yihadistas sunníes extremos, son instrumento de neutralizar a los palestinos, hoy con casi 200.000 almas en campos de refugiados con autonomía policial y como contraparte al equilibrio que significa la milicia de Hezbolá, fuerza militar y política que alcanza a más del 25% de la población, pero que estratégicamente quiere dominar el país. Para ello rodeó el Parlamento, casi no dejándolo funcionar hace más de nueve meses y pide increíblemente tener un poder de veto en el mismo.
El fracaso de EEUU en Irak debilita a los grupos democráticos libaneses y surgen desde Irak fuerzas desintegradoras como los yihadistas y grupos de Al Qaeda, situación que debilita el actual sistema… Israel no tendría la menor dificultad con los representantes legales libaneses, pero el país está dividido por presiones políticas y militares desde adentro y fuera del mismo, lo que no permite tener un interlocutor válido.
El objetivo desestabilizador de los extremistas es construir una fuerza militar que lleve a la instauración del islamismo integrista como en tiempos del profeta del islam, Mahoma.
La revolución iraní del ayatolá Jomeini trató de exportar su revolución a la región, construyendo grupos como Hamas en Gaza y Hezbolá en Líbano, que junto a ello Siria es uno de los más influyentes e intenta un futuro presidente afín con ellos, a pasar de la expulsión de sus ejércitos del Líbano, hace dos años, acusados de ser cómplices de los asesinatos políticos.
Nunca vieron a la población chiita al sur del Líbano de enorme carencias (al igual que en los territorios autónomos palestinos) preocupación por resolver sus urgencias, mientras que estos grupos extremos Hezbolá aprovechan las falencias, para satisfacer y comprar a los carenciados e integrarlos a los grupos extremistas, con apoyo financiero de Irán y respaldo sirio.
La respuesta de Occidente o de movimientos de liberación nacionales, o grupos democráticos, deberían encontrar en la propia necesidad de su gente su principal preocupación para resolverla, pues el hambre, la miseria, son los principales aliados de los extremistas. Parecería que muy poco se aprendió de esta lección; yo prefiero ayudar a estas poblaciones de zona peligrosa, para desarrollar una política integral y social, a diferencia de lo que pasa en Arabia Saudita, puesto que una democracia se debe apoyar en sus cuatro patas de la mesa y no tanto en represión de los grupos extremistas. El desafío libanés es el centro de todas las contradicciones e intereses representados en el Medio Oriente, su debilida
d lo hace presa para todos. *
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