Sobre marxismo y religión

LÍBREME DIOS de la intención de comentar las notas de Julio Louis sobre conceptos básicos del marxismo. Apenas si voy a dedicar unas líneas a una frase de su última entrega, del día 10, sobre marxismo y religión. Escribe que «Marx ha expresado que la religión es el opio de los pueblos» y le agrega algunas consideraciones habituales sobre este tema, en el sentido de que la religión contribuye a la resignación, a no luchar contra los males de este mundo y a confiar en el más allá.

Creo que esta interpretación, a pesar de su extensa difusión (a mi juicio de parte interesada), es incorrecta. Y no improviso opinión. En el libro de 1994 «América Latina y el retoñar de la utopía», en que analizo la concepción de Rodney Arismendi sobre la revolución continental de cara al siglo XXI (tema que, aprovecho para anunciarlo, será uno de los que vertebrarán las mesas redondas y exposición fotográfica sobre el dirigente comunista a efectuarse el mes próximo en la Junta Departamental), hay un apartado dedicado a la teología de la liberación, principalmente en Brasil, y allí podemos leer: «Los cultores de la teología de la liberación se han esforzado por devolver su contenido original a la expresión de Marx según la cual ‘la religión es el opio del pueblo’, tantas veces utilizada para distanciar a los marxistas de los creyentes. Dice Frei Betto que para nuestra mentalidad el opio equivale a una droga que anula la voluntad y las facultades intelectuales. En el siglo pasado, en cambio, el opio era utilizado frecuentemente como analgésico. Comparar la religión al opio equivalía a destacar su poder para consolar a los afligidos, para calmar los sufrimientos humanos. Por otra parte, la expresión no fue acuñada por Marx, sino por Kant en su obra de 1793 ‘La religión y los límites de la razón simple'».

Trasladando el tema a Uruguay, recordaba la prédica sostenida de Arismendi a favor de la unión de marxistas y cristianos, así como su alta valoración de la conducta del arzobispo de Montevideo, monseñor Carlos Parteli, cuando en compañía de otros dignatarios de la iglesia católica concurrió a la sede comunista, en Sierra 1720, para rendir su pésame ante los ocho obreros acribillados en la seccional 20ª del Paso Molino el 17 de abril de 1972.

También eran frecuentes en su oratoria las referencias al contenido ético del Sermón de la Montaña. Saludó la presencia del Partido Demócrata Cristiano en la fundación del Frente Amplio, que se transformaba así en un área de confluencia de marxistas y cristianos, junto a otras vertientes del crisol político uruguayo.

Hay otras opiniones coincidentes al respecto, de fuentes de indiscutible relevancia. En 1993 se efectuó en Montevideo un encuentro organizado por la Fundación Rodney Arismendi sobre La integración latinoamericana y sus problemas contemporáneos, con la participación de Danilo Astori, Frei Betto, el embajador de Cuba Abelardo Curbelo, Fanny Edelman, Ruiz Pereyra Faget, James Petras, Renzo Pi, Hugo Rodríguez, Ruben Yáñez. En la sesión de clausura hablaron Volodia Teitelboim, Hugo Villar y Jorge Luis Ornstein. Allí el destacado intelectual chileno (hoy nonagenario y en plena producción intelectual) se dirigió a la mesa que integraban, entre otros, el intendente Tabaré Vázquez y el general Líber Seregni, hizo referencia a la personalidad de Arismendi, a sus concepciones marxistas, a su conocimiento del joven Marx, y aludió al tema que nos ocupa en estos términos: «(En relación) con el fenómeno religioso se ha hecho mucho caudal, se ha llevado y traído esta frase de que la religión es el opio del pueblo.

En verdad, Marx lo dijo como una forma de elogio a la religión. En el siglo XIX, cuando lo dice, el opio era la única manera de calmar los dolores del enfermo y por lo tanto la religión ante un mundo desolador calmaba su dolor. Pero el problema religioso tiene que ser visto con otros ojos…». *

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