Un conflicto injustificable

Cuando los anestésico-quirúrgicos empezaron a reclamar mayores sueldos al MSP, nadie sospechó que el conflicto tomaría las proporciones que tiene actualmente.

Hubo un punto de inflexión marcado por la declaración de esencialidad de dichos servicios, y desde entonces, la posición de los galenos reclamantes se ha radicalizado, en una actitud inflexible e intransigente que contrasta con la del Ejecutivo (el Ministerio de Salud Pública) que ha exhibido y sigue exhibiendo una postura dialoguista y dispuesta a hallar una solución razonable al conflicto. Para colmo de males, a este reclamo se ha sumado otra gremial médica, la de los oftalmólogos, cuyo espíritu corporativo los llevó, no hace mucho tiempo, a adoptar una posición impresentable ante la llamada Operación Milagro mediante la cual miles de uruguayos de bajos recursos lograron resolver sus problemas de visión merced a la solidaridad de los médicos y del gobierno de Cuba. Recuérdese que llegaron al colmo de denunciar a esos oftalmólogos cubanos por ejercicio ilegal de la medicina (!).

Pero volviendo al asunto que nos ocupa –el conflicto de los anestésico-quirúrgicos– debemos efectuar ciertas puntualizaciones.

En primer lugar, debemos reiterar nuestra postura favorable a la más irrestricta libertad de agremiación así como al derecho de huelga consagrado en nuestra Carta Magna. Pero al mismo tiempo, debemos evaluar la justicia del reclamo y, sobre todo, la intransigencia demostrada por los reclamantes. Es preciso tener en cuenta que esas especialidades son precisamente las que permiten a quienes se dedican a ellas obtener ingresos bastante por encima de la media. Son, de algún modo, privilegiados en comparación con otras especialidades médicas o con otros trabajadores de la salud y ni que hablar comparados con otras profesiones, oficios u ocupaciones con remuneraciones muy por debajo de la media. El ministro Astori ha sido terminante al respecto al afirmar, sin vueltas, que los reclamos salariales de médicos y anestesistas de Salud Pública son «absolutamente extralimitados e imposibles de atender». Si se considera que el salario medio por hora en nuestro país se halla en el entorno de los 35 pesos, parece un verdadero despropósito pretender tener un salario de 250 pesos por hora; más de siete veces más que el promedio. Pero por si eso fuera poco, tengamos en cuenta que a esos médicos nada les impide ejercer su profesión, además de hacerlo en hospitales públicos, en ámbitos privados.

Ante esta realidad, la justicia del reclamo parece a todas luces muy débil. No estamos diciendo con esto que los médicos no merezcan tener buenos ingresos –como por otra parte cualquier profesión que requiera una preparación especial y un sentido de la responsabilidad también especial– pues todos los seres humanos merecen vivir con dignidad y decoro. Lo que sí afirmamos es que en la coyuntura actual, en la que el país va saliendo lentamente del estancamiento y las arcas del Estado no rebosan de oro, semejante pretensión salarial está fuera de lugar y denota una notoria falta de sensibilidad y, sobre todo, de solidaridad.

Se está tratando de rescatar de la miseria y del subconsumo a un alto porcentaje de uruguayos sumergidos. Ellos tienen la prioridad, y los otros, los menos infelices, tienen la responsabilidad histórica de saber aguardar. *

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