El marxismo, las fuentes
Marx y Engels son continuadores de las tres corrientes ideológicas principales del siglo XIX, pertenecientes a los tres países más avanzados: la filosofía clásica alemana, la economía política clásica inglesa y el socialismo francés, a las cuales sintetizan en una unidad superior.
Desde la antigua Grecia, la filosofía perfila sus concepciones. La materialista con Tales de Mileto (siglos VII y VI AC), primer filósofo jónico, quien por un camino opuesto a la religión teoriza la formación del mundo; y Heráclito de Efeso (VI AC) quien elabora las líneas generales de lo que luego se llamará dialéctica, sosteniendo la transformación constante de todas las cosas. Platón y Aristóteles (V y IV AC) fundamentan la concepción idealista. Siglos después, la escolástica planea una proposición inicial, acumula objeciones contra ella, para luego refutarlas y confirmar la proposición inicial, método que impide el avance de las ciencias.
La filosofía moderna enfrenta al orden feudal y a la Iglesia Católica, extiende el dominio de la razón hasta donde imperaba la fe religiosa y promueve las ciencias naturales, una de las condiciones del desarrollo económico de la sociedad burguesa. Esa filosofía en Alemania alcanza su apogeo. Hegel y Feuerbach son sus representantes principales. Hegel redescubre la dialéctica y la perfecciona. Se trata de un método revolucionario en sí, pues afirma que todo lo que existe desaparecerá. Pero Hegel se mantiene en el campo del idealismo: cree que la idea, realización de una Idea Absoluta, es la que crea la realidad. Además, a diferencia de lo que fundamenta en la Historia, piensa que la Naturaleza, mero derivado de la Idea, se sucede sin evolucionar. Feuerbach, el más sobresaliente y radical de sus discípulos, rompe con la religión y es materialista. No es Dios quien crea al Hombre, sino éste quien crea a su imagen a aquél. El pensamiento se vuelve inseparable de la materia. Pero su materialismo es mecanicista y no dialéctico. Marx y Engels son discípulos admiradores y críticos de ambos. Así como el auge de la burguesía mercantil después de la Revolución Comercial acuna la teoría mercantilista, la Revolución Industrial acuna a la `economía clásica’. Sus teóricos (Adam Smith, Malthus, Ricardo, Stuart Smith, etc.) encuentran las `leyes naturales’ de la economía, fijas, eternas, justificadoras de la actividad de la burguesía. Se sintetizan en el concepto de que quien trabaje para sí mismo sirve al bien de todos. La función de los gobiernos es preservar la paz, proteger la propiedad y abstenerse de toda intervención. Los economistas durante doscientos años buscaron la fuente última de la riqueza. Adam Smith (1723-90) concluye que el trabajo es la fuente de todo valor, de toda riqueza. La riqueza de una nación dependerá del grado de productividad del trabajo y de la cantidad de trabajo productor de riqueza. Estudia la división del trabajo, el cambio, el dinero y la distribución. David Ricardo (1772-1823) profundiza la obra de Smith y aporta a la teoría del valor y la distribución. Marx y Engels beben en esas fuentes con espíritu crítico.
Francia, epicentro de la revolución social y política, es la cuna del socialismo. Basados en la filosofía social racionalista del siglo XVIII, los socialistas `utópicos’ describen la sociedad del futuro y meditan sobre los medios para lograrla. Owen (inglés), Fourier, Saint-Simon , etc. apelan a la clase dominante, repudian la acción política, sobre todo la revolucionaria y su pensamiento transita por carriles separados de la actividad de las masas.
Pero desde la Revolución de 1830 (que implanta la monarquía constitucional) y más aún, desde 1848 (que inicia la Segunda República) el proletariado sale a la escena con reivindicaciones propias. Procura la conquista del poder político; entonces, los socialistas `de transición’ se identifican con el proletariado, con la crítica de la sociedad capitalista y afirman que las masas dependen de sus propios esfuerzos. Augusto Blanqui desarrolla fundamentalmente la cuestión del poder y de la vanguardia; y el anarquista Pedro José Proudhom la cuestión de la propiedad . A su vez, los cartistas ingleses con su `Carta al Pueblo’ (1838) fundan el primer partido obrero de la historia. Todos ellos constituyen la tercera fuente inspiradora del marxismo, considerado como el socialismo científico.
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