Implacable combate a las drogas

L a semana pasada estuvo marcada por un acontecimiento sin precedentes: la detención de una avioneta con la friolera de casi 500 kilos de cocaína. Se trató de la culminación de un operativo coordinado y conjunto de las Policías de varios países que estaban trabajando en el caso desde fines del año pasado. Pero la espectacularidad de la acción y la eficacia del proceder de nuestros efectivos policiales merecen un destaque especial y un reconocimiento público como el que dio la ministra Tourné o el que surgió de una reunión de policías en Santiago de Chile.

No es para menos. Sin derramar ni una gota de sangre, sin disparar un solo tiro, con audacia e inteligencia, con profesionalismo y sangre fría, la Policía uruguaya logró incautarse del voluminoso alijo y detener a todos los actores involucrados en el negocio. Fue un golpe certero que permitió desbaratar la conexión uruguaya de una organización delictiva internacional.

Desde hace un tiempo –y sobre todo a partir de la asunción del gobierno actual– nuestra Policía ha venido mejorando notablemente su desempeño, y aunque aún resta mucho por corregir y mejorar, la población percibe ese cambio y se regocija por ello. Fuerza es reconocer que la sensación de inseguridad todavía se mantiene, pero sería de necios negar que la Policía ha dado pasos trascendentes en el combate a todas las formas de delito.

Concretamente en la lucha contra la droga, el accionar policial logró asestar duros golpes al narcotráfico vernáculo llegando a las «bocas» de venta de pasta base, lo que permitió desmantelar pequeñas organizaciones de traficantes que no por pequeñas resultaban inocuas. Esto, unido a un desempeño también destacable de la Aduana, significó un viraje nada despreciable en la actitud del Estado en esta área.

Pero lo más interesante es que la política del gobierno en materia de tráfico y consumo de drogas muestra ribetes inéditos pues no se limita a los éxitos policiales o aduaneros sino que va más allá y se propone combatir no sólo el tráfico sino también el consumo. Para ello ha desplegado una actividad febril desde la Junta Nacional de Drogas, con campañas educativas y la instalación de centros de recuperación para los adictos.

Enmarcarda en esta política activa de combate al flagelo, hay que destacar la encuesta llevada a cabo por Equipos Mori a pedido del gobierno, cuyos resultados se publicaron el pasado jueves 23. Aunque es ésta la cuarta encuesta sobre consumo de drogas, por primera vez se ha investigado más a fondo y los datos obtenidos permiten conocer en profundidad y con detalle no solo el número de adictos sino también el tipo de droga que se consume. Ahora se conocen cifras –bastante alarmantes, por cierto– sobre la cantidad de uruguayos que consumen, cuántos son dependientes, a qué franjas etarias pertenecen, en qué estratos sociales se ubican mayoritariamente y qué sustancias tienen mayor consumo.

Es por ello un primer paso de fundamental importancia para orientar las políticas que desde la Junta Nacional de Drogas se propone desarrollar el gobierno. Del mismo modo que el combate a la delincuencia no debe limitarse a la represión, sino que debe atacar las causas que llevan a la gente a delinquir, así la lucha contra el flagelo de la droga debe fundarse en la realidad de la drogadicción y en las causas que están detrás de la dependencia. Si bien la drogadicción es un fenómeno que no conoce fronteras y se da en todas las latitudes y en todas las sociedades sean desarrolladas o del tercer mundo, es prioritario conocer las características de los uruguayos que se han dejado atrapar en la infame telaraña de la dependencia para orientar el combate de manera eficaz. *

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