El Banco del Sur y el "peligro" venezolano

La iniciativa de Hugo Chávez, el presidente de Venezuela, para crear un banco de y para las naciones del sur está en discusión. Apasionada discusión en la que aparecen fuertes matices y furiosas oposiciones.

Para crear un banco cualquiera, basta poner la plata suficiente y los gerentes adecuados, pero éste no sería un banco como otros. Surge como contraposición al papel que jugaron en la región el Banco Mundial y el BID. No es el objeto de estas líneas analizar ese rol y la responsabilidad que les cabe, junto con el FMI (Fondo Monetario Internacional), en el agravamiento de las situaciones de crisis de los países de la región.

La idea de un Banco del Sur surge porque los viejos organismos multilaterales, con neta predominancia del capital financiero trasnacional en sus decisiones, cumplieron el papel de atornillar la desigualdad y las relaciones de dependencia, entre el Norte rico y el Sur pobre. Para eso fueron creados y fueron altamente eficientes.

En los cimientos de la propuesta chavista, es más importante el papel de las ideas que el capital. Están en debate los conceptos fundacionales, más que los aportes necesarios para ponerlo en marcha.

Chávez ofrece poner mucha plata y propone que los países chicos y empobrecidos pongan menos. Países como Brasil o Argentina aportarían según su potencial, pero todos tendrían un voto. Cada uno de acuerdo a sus posibilidades está bien, dijo Reinaldo Gargano el canciller uruguayo, que apoya la idea sin reservas y con evidente entusiasmo.

Tanto el presidente venezolano como algunos gobiernos de la región, que representan países de menor potencial económico (y que son los que más necesitan del banco) quieren que sea un país un voto. Democratizar las decisiones propuso Chávez. Sería un banco cooperativo, solidario, de concepción no capitalista, es toda una peligrosa revolución.

Pero no lo tiene tan claro el gobierno argentino que parece inclinarse por la tesis de que todos ponen lo mismo y pesan igual en las decisiones, o el poder de decidir está en función de lo que cada país aporta: un concepto netamente capitalista.

Brasil no se expidió con claridad, Chile y Colombia observan el proceso con cierto interés. Para Ecuador y Bolivia, hermanos empobrecidos de América, lo justo es aportar cada uno según sus fuerzas, a cada uno darle apoyo según sus necesidades y decidimos entre todos en un pie de igualdad.

El Banco del Sur sería una herramienta para la integración y el desarrollo, proceso en el que se irían mitigando «las asimetrías» para la construcción de una América, unida, grande, fuerte, libre, justa y solidaria.

Asoma el fantasma de las ideas socialistas en el trasfondo del proyecto. Pero hay en las sociedades latinoamericanas una fuerte oposición de los sectores privilegiados. Tradicionalmente asociados al capital, a la apropiación de la tierra antes, a la de los grandes negocios, los medios y la tecnología actualmente (lo que no está en manos extranjeras). No conciben un horizonte no capitalista como futuro.

Que los más infelices sean los más privilegiados es una idea que tiene muchos y poderosos opositores. *

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