Presidentes sospechosos
El semanario de la derecha, nacido en dictadura por quien ocupara un cargo relevante en la tristemente célebre Dirección Nacional de Relaciones Públicas (Dinarp), siembra sospecha sobre el intendente de Maldonado Oscar de los Santos por mantener relaciones con un gobernador venezolano que tiene como uno de sus asesores a la figura del momento, Guido Antonini.
Curiosa forma de razonar la del escriba de Danilo Arbilla. Por esa vía caen en la sospecha pública de corrupción no pocas figuras de gobierno del plano nacional e internacional. Veamos sólo dos ejemplos que rozan a presidentes, reyes, primeros ministros o gobernantes uruguayos y del resto del mundo.
Ejemplo 1. El caso Cambón
Como todos los lectores tendrán presente, el doctor Daniel Cambón ejerció la secretaría del ex presidente Luis Lacalle. A partir de una investigación judicial acerca de actuaciones suyas en el negocio de marcado de los vidrios de los vehículos fue procesado con prisión por el delito de «concusión del interés público y el privado».
De acuerdo con el razonamiento de Búsqueda, ¿qué pensar de los hombres públicos del país y el mundo que se reunían y fotografiaban con el presidente Lacalle que tenía a su lado, no como asesor sino como secretario, a una persona que había delinquido?
Ejemplo 2. El caso Laguardia
Quién no recuerda al secretario privado del ex presidente Julio María Sanguinetti, Ernesto Laguardia, fuertemente cuestionado primero por presunto tráfico de influencias en varias licitaciones millonarias y finalmente procesado por la Justicia Penal por el delito de «fraude».
Siguiendo la línea argumental del escriba anónimo de Arbilla, ¿qué pensar de los gobernantes, autoridades nacionales y extranjeras del más alto nivel, que se reunían y fotografiaban con el presidente Sanguinetti, que tenía cerca suyo a una persona primero sospechosa y luego procesada por delito probado?
La yapa
Siete años atrás, la opinión pública se vio sacudida por las derivaciones en Uruguay de las maniobras de lavado de dinero sucio procedente del narcotráfico, específicamente del temible cártel de Juárez que dirigía sin miramientos el «Señor de los Cielos». Resulta que el cártel adquirió una residencia en Punta del Este –dicen que casi al doble del precio de mercado– y campos en el Paraje Las Bolas del departamento de Flores.
A diferencia de lo que pasó con las últimas dos grandes operaciones lanzadas contra el narcotráfico (una el año pasado, otra en desarrollo en estas horas), el gobierno no interfirió y los efectivos de la Brigada de Narcóticos, apoyados por la Fuerza Aérea y la Policía salteña, lograron pegar fuerte.
En marzo de 2000 la Policía que investigó las operaciones de lavado tuvieron menos fortuna. Fuertes presiones políticas hicieron naufragar el caso.
Danilo Arbilla fue el vendedor de la lujosa residencia puntaesteña y fue quien personalmente ejerció presiones sobre el poder político de turno. ¿Qué pensar de quienes –debemos creer que de buena fe– hicieron negocios con poderosos y criminales cárteles de la droga? *
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