Sobre almas en venta
Uno de los mayores placeres que puede tener alguien que le gusta leer la prensa escrita, es despertarse en Madrid o cualquier otra ciudad de España y tomar un café por la mañana leyendo El País, y especialmente su página editorial.
Confieso que si hago lo mismo en Montevideo –con El País autóctono– el café, aunque sea el más sabroso y de mejor calidad del mundo, no me cae muy bien.
Al igual que los hebreos, yo leo desde atrás hacia delante los diarios. Es más, comienzo por los suplementos. Deportivos, culturales, clasificados (con El Ofertón incluido) en ese orden. Hay algo inconsciente que me aconseja no llegar a la página editorial y a la información política. Pero lo mío debe ser patológico, me gusta flagelarme intelectualmente.
No quieran saber cómo me siento después de leer la página editorial y las notas de Carlos Maggi en una misma mañana. Un hombre que desde hace algunos años, y ante la falta de cucos nacionales para agitar (muchos de los que había hace poco son ministros o legisladores), se ha dedicado a importar monstruos de siete cabezas. Eso sí, de la región.
«Chávez es la cabeza visible de un movimiento internacional muy agresivo», escribe en un artículo que interroga al gobierno bajo el título «¿Se vende el alma al diablo?».
Uno se devana los sesos haciendo memoria sobre las invasiones venezolanas a otros países y no recuerda una sola. Es más, lo más negativo que le ha ocurrido a nuestro país desde que Chávez es Presidente fue la goleada que sufrimos de local, en el propio estadio Centenario con la celeste de Juan Ramón.
Pero Don Carlos Maggi no queda sólo allí. Algunos renglones más adelante escribe : «…nadie nos vende gas y el petróleo se termina», para luego sentenciar que «… la independencia del Uruguay pende de la energía nuclear…».
Lo bueno que tiene es que no sólo critica, sino que además aporta ideas. Ya el dinámico presidente de Cutcsa debe estar pensando en cómo hacer el «174 atómico», como forma de acortar el tiempo que le toma llegar desde Punta Carretas a Lezica, mientras los distribuidores de supergás diseñan la «bombona nuclear» para calentar los hogares uruguayos.
Si lo leo dos domingos más, me junto con el senador Fernández Huidobro y salgo a proponer que cambien todos los gerentes e ingenieros de Ancap por escritores, aunque haga tiempo que tengan vendida su alma al diablo. *
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