¡Los libros no muerden… y nunca morirán!

Me viene a la memoria la frase del título. Y es así. Lo escrito perdura desde tiempos inmemoriales. Sea del tema que sea. El ser humano ha crecido a través de la escritura. Y seguimos en ese camino. A pesar de la tecnología avasallante de las últimas décadas (Internet, blogs, etc.). Lo escrito en papel es práctico, se puede leer en cualquier momento (ómnibus, tren, oficina, bar), por lo tanto tienen acceso a ellos todas las capas sociales. Y fundamental en todas las actividades. Ilustran en todos los aspectos. Por ello es primordial lograr vencer al analfabetismo. Y que los niños se cultiven y desarrollen con la lectura.

Un hecho notorio y extraordinario ocurrió en los últimos días. Se ha logrado, con una tarea silenciosa desde hace varios meses por parte del personal de la Biblioteca Nacional, Archivo General de la Nación, y la Escuela de Bibliografía y Archivología y a pedido de la Suprema Corte de Justicia, ordenar y saber a quien corresponden miles de libros secuestrados desde el año 1968 (Pacheco), y luego en los años oscuros de la dictadura.

Este tema me toca muy hondo, ya que en mi casa (la de Lázaro), teníamos muchos libros (políticos y de diferentes temas), y en varios allanamientos (1973-1974), se los «llevaron» junto con nosotros (Lázaro y yo). Y aunque parezca irrisorio, en una de esas oportunidades, como no tenían los «visitantes», en donde depositar lo secuestrado, pidieron en un almacén vecina, cajones de verdura, y allí se fueron, no se adónde.

Entonces comprendan mi interés por escribir algunas líneas de este acontecimiento actual. Saber que esos libros (los de todos), se mantuvieron inhiestos a pesar del tiempo y que un grupo de uruguayos y uruguayas con gran pasión los están manteniendo y tratando de clasificar para que vuelvan a manos de sus verdaderos dueños y quizás volcarlos a una Biblioteca bautizada como «De la memoria».

Por lo tanto, creo que como me pasó a mí particularmente, le debe de haber ocurrido a miles de ciudadanos, que pasaron por la misma experiencia. Que luego de tantos años, saber que lo que nos arrebataron está allí en manos de quien corresponde, y que además serán integrantes de una biblioteca que lleva un nombre extraordinario. Y que podrán, quien quiera acercarse a ellos, ilustrarse y ver de cerca lo que fue «motivo» de represión, de detención, de torturas, de muerte, de exilios obligados (la de Lázaro y la mía) de todos aquellos que pensábamos en contrario a los señores que tomaron el poder por la fuerza.

Y me gustaría, si me lo permiten utilizar este tema en homenaje a quien no está físicamente hace años, que murió en el exilio (Buenos Aires), y que pasó por la experiencia que comento líneas arriba, y que permanentemente, desde mi infancia con la difusión de un semanario («Justicia»), el cual repartía junto con otros compañeros (incluido Mendiola, asesinado en el Seccional 20ª del Partido Comunista en 1972, junto a otros 7 militantes), me insistía permanentemente de que me abocara a la tarea de ilustrarme a través de todo aquello que era escrito (diarios, libros, etcétera), y decirle a Lázaro (mi padre, el petizo Scoro) que estaba acertado: los libros no muerden y están con nosotros, felizmente. *

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