El gol de la valija
Cuenta mi amigo, el «Polaco» Wolkowycz (*), que cuando en el Estadio Centenario se convirtió sobre el arco de la Colombes el famoso «gol de la valija» había muy pocos espectadores viendo el clásico. Sin embargo, al otro día había más de dos millones de uruguayos contando cómo se había producido el gol, al millón que no había ido al estadio.
Con esta otra valija pasa algo parecido. Nunca estuvo en el país, nunca la vio ningún uruguayo pero lleva una semana en boca de periodistas de todos los canales de TV y radios y ha batido todos los récords en litros de tinta en la prensa escrita.
La historia de la valija que nadie reclama, que nadie quiere, la que no tiene padre ni madre: la valija guacha. ¡Lindo nombre para un informe de Ignacio Alvarez y Escanlar!
Dicen que no es argentina, como sí lo es Jorge Batlle, ni venezolana como la «vinotinto», parece que nació en Tacuarembó y vota al Frente, según rigurosas investigaciones de prestigiosos periodistas.
Hasta el ministro argentino Jorge Fernández dice que no es de ellos y que venía para Montevideo y autorizó a abrir el piquete para sacársela de arriba. Gargano tendría que hacer otra nota de protesta y agregar que no sólo la valija no es uruguaya, sino que Natalia Oreiro y Dani Umpi son más argentinos que Maradona.
Aparentemente, la no reivindicada maleta viajó desde Caracas a Buenos Aires, pero tiene que sobrevolar la refinería de Ancap y aterrizar en Suárez y Reyes de cualquier manera.
Es que 800 000 dólares desvelan a cualquiera. ¡Cuántos sueños pueden cumplir algunos sin tener que ir a bailar o patinar con Tinelli! ¡Cuántas campañas electorales pueden bancar! ¡La que se están perdiendo porque la gente no los votó!
Están desesperados y juegan a embarrar la cancha para marcar la cancha.
Le piden informes al ministro de Industria, de Relaciones Exteriores, al presidente de Ancap, a los controladores del espacio aéreo y estudian la posibilidad de convocar a la Cámara de Fabricantes de Maletines del Uruguay –la famosa Cafama– para que digan lo que saben al respecto.
No puede ser que el Hombre del Maletín hubiera sobrevolado territorio uruguayo y no se le hubiera caído un solo billete de los verdes. «Esto es inadmisible», gritan blancos y colorados ante tanta ineficiencia gubernamental para atraer capitales.
«Cuando gobernábamos nosotros esto no pasaba». Y si no, recuerden uruguayos el caso Focoex durante nuestro gobierno del doctor Lacalle», o cuando administrábamos honradamente el Banco de Seguros del Estado.
«Extrañamos al contador Ache para hacer buenos negocios para el país en el exterior», gritan a coro (pero bajito) quienes defienden el negocio de la compra de las estaciones de servicio en Argentina.
¡Por favor!
Al final me van a hacer creer aquello de que el ladrón cree que todos son de su condición. *
(*) Quiero aclarar que el Polaco tampoco estaba en el Estadio.
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