La renovación generacional, otro de los problemas

L a verdad que, como plantea el historiador y politólogo Gerardo Caetano, en el Uruguay uno de los problemas sustanciales que se viven es el de la renovación generacional que, fundamentalmente en el Frente Amplio, parece tener una solución que pasa por mayores dificultades. Se maneja como elemento demostrativo de esta situación que se vive es la edad de nuestros ministros que, con raras excepciones, casi todos superan largamente los 60 años y varios los 70.

Ello, más allá de la experiencia y la calidad de cada uno de los secretarios de Estado, muestra que llegó al poder un grupo de mujeres y hombres, que a su vez eran cabezas de sus propios grupos políticos en donde se repetía el mismo fenómeno gerontocrácico, de altas edades cronológicos producto de una carencia determinada, sin duda, por la emigración del país de generaciones completas.

¿Por qué existe en el Uruguay ese problema con la renovación generacional? Sin duda por una carencia de peso de las generaciones posteriores que, de alguna manera, buscaron otros caminos fuera del país. Y el tema es realmente grave, porque en nuestro pequeño país se considera joven para la política a personas de algo más de 50 años, las que aquí están a la sombra de líderes de 60, 70 y 80.

Y 50 años es la edad que, en otras latitudes, eligen algunos jefes de Estado para retirarse. Observemos, por ejemplo, el caso, del español Felipe González y de muchos otros líderes europeos que en ningún caso han llegado en el poder a la edad de nuestros gobernantes. Líderes, jefes de gobierno, que alcanzan el poder y tratan de realizar con probidad su programa y luego se retiran a otra provechosa etapa de su vida, que puede estar llena de creatividad abonada por la sumatoria de la experiencia acumulada en las responsabilidades anteriores.

Por ello es que aplaudimos la actitud del doctor Tabaré Vázquez, que obviamente tiene una objetiva vocación de servicio y no quiere abandonar, como él mismo dice, «a sus enfermos», cumpliendo sistemáticamente sus tareas de médico al igual que las realizaba cuando no había asumido la Presidencia de la República.

Por supuesto que es criticado por la oposición, a la que habría que aplicarle aquel dicho de «palos cuando bogas y cuando no bogas palos», pero que el doctor Vázquez mantenga su vocación en alto y siga avanzando en su vocación, la oncología, muestra una faceta importante de su personalidad. Es que muchos políticos profesionales no entienden otras concepciones de vida.

Vázquez, de alguna manera, hace durante su gestión lo que otros gobernantes cumplen luego de que abandonan su tarea política. Pero eso no es lo que ocurrirá con la mayoría de nuestros ministros mayores de edad, muchos de ellos ansiosos de retirarse de la política para poder cumplir con las tareas propias de su edad cronológica, especialmente el abuelazgo. Seguramente están en sus cargos por una razón patriótica, porque el Presidente los ha llamado y en el difícil equilibrio político que se vive en el Uruguay, dentro del partido de gobierno, es difícil buscarles sustituto.

Para Caetano, el problema generacional es una muy mala señal para la sociedad, pero ¿cuáles son las soluciones para un problema de estas características, cuando existen pocas probabilidades de recambio por la falta de generaciones enteras en el país?

Es un tema, sin duda, para que todos reflexionemos. Pero, cuando se produce un hecho singular en un grupo de izquierda en que la persona más votada es el diputado más joven de la Cámara de Diputados, advertimos que existen algunos intentos para cambiar un estado de cosas profundamente negativo. *

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