Crisis en la salud: calma y amanecemos

Jueves 16 de agosto de 2007 | 11:37
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E l conflicto de la salud ha mostrado, una vez más, al presidente Tabaré Vázquez con capacidad de mando que lo ejerce con serenidad, pero también con firmeza. Los uruguayos han sentido, en estos días, que desde el Poder Ejecutivo no se está dispuesto a aceptar actitudes intransigentes, que pongan en peligro los servicios esenciales del Estado.

Hoy parece ser que los poderosos estamentos de la salud en conflicto no comprenden lo que está en juego, a pesar de que algunos tienen una buena experiencia de lo que es defender reivindicaciones sin alterar la atención de los pacientes.

Al gobierno, que tuvo el apoyo de más del 50% de la población en las últimas elecciones nacionales, no se le puede acusar de que intentó contrabandear ideas ocultas, cuando nos referimos a la creación de un nuevo sistema de salud, donde se busca articular al sector público con el privado para ampliar la cobertura de la población.

A la vez, hay un cierto apresuramiento –hoy es gratis pegarle a los médicos–, para calificar a la protesta de los cirujanos y anestesistas de pertenecer a una gran conspiración de blancos y colorados. La oposición da manija –opera– pero no todos los protestantes son de la oposición y tienen una larga historia en la izquierda.

Nadie duda de que hay intereses corporativos detrás del conflicto, pero vale la pena, en medio de las tensiones, plantearnos qué diferencias hay entre la reivindicación corporativa y la reivindicación justa. El planteo corporativo es aquel que no trasciende la reivindicación, que se limita a ella, a la vez que no tiene un proyecto de país ni tampoco para su área de servicio a la sociedad.

Cirujanos y anestesistas, médicos altamente calificados, no sólo tienen derecho a reivindicar sobre sus condiciones profesionales, sino que a la vez deben exponer su propuesta de salud para los uruguayos, porque si sólo se quedan en la reivindicación, permanecen atrapados ante la población con una actitud pequeña, intransigente y con poco vuelo de futuro. Es impensable atender el reclamo salarial de anestesistas y cirujanos, porque el mismo derecho tendrían los maestros que recibieron su título profesional, al igual que los médicos, gracias al aporte de la sociedad, Más cuando ningún médico logró su título luego de cursar la enseñanza privada, donde el señor “Montepío” le pagó sus cursos.

Si ese proyecto de país no se expone, estos destacados médicos hoy conflictivos quedarán identificados con los beneficios del mundo mercantilista, pero habrán olvidado las enseñanzas de los grandes “profes” como Carlos María Fosalba, Mario Cassinoni, José Pedro Cardoso, Jorge Boutón, Juan José Crottogini, Hugo Villar, Hugo Sacchi y tantos otros.

El país no necesita vencidos ni vencedores en materia de salud, lo que requiere es de un gran entendimiento entre los actores del sector, que sepa construir una nueva etapa que ya está expresada, por encima de sus aciertos y sus errores, en la propuesta de crear una nueva normativa que permita incluir a todos los uruguayos en un sistema de salud que atienda a cada uno de los compatriotas.

En las últimas horas, para bien de todos, se han establecido distintas formas de diálogo, que todos esperamos tengan mucha más fuerza que las declaraciones altisonantes, cargadas de broncas y de sentimientos contradictorios.

A este entendimiento deben contribuir, también, todos los partidos políticos, pero particularmente la oposición que se apresuró a identificar el conflicto con su rechazo a la ley que establece un nuevo sistema de salud.

Sobre esa ley hay todo el derecho a oponerse, pero los enfermos no deben ser transformados en rehenes de un debate que debe de ser serio, responsable, que es típico del primer mundo. ¿Nos olvidamos de que Clinton cayó derrotado por los republicanos cuando quiso implantar un sistema similar al de Disse?

Calma y amanecemos. *

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