Interpelación inconducente

La semana pasada, el senador herrerista Luis A. Heber anunció su intención de interpelar al ministro de Economía Danilo Astori.

En uso de un derecho inalienable que asiste a los legisladores y para el que se requiere un número de votos bastante escaso –como forma de habilitar el mecanismo a partidos que no cuentan con mayoría parlamentaria–, el fogoso legislador blanco se propone interpelar, esto es, requerir explicaciones, a la figura principal del equipo económico. El tema del planteo que hará el senador Heber está vinculado con la Reforma Tributaria y más concretamente con una de sus disposiciones más polémicas: el impuesto a la renta de las personas físicas.

En nuestro sistema jurídico, la interpelación a un ministro puede tener consecuencias cuando la mayoría del Cuerpo considera insatisfactorias las explicaciones dadas por el secretario de Estado, en cuyo caso puede conducir a la renuncia del interpelado si éste es objeto de un voto de censura. Los motivos de una interpelación suelen radicar en una o más decisiones ministeriales cuestionables, en negligencia u omisiones, o en toda una política desarrollada desde esa cartera que el interpelante considera inadecuada.

Todos recuerdan a ciertos parlamentarios brillantes de antaño, especialistas en «voltear ministros». Eran tribunos temibles que acorralaban con su dialéctica al ministro, sudoroso en su banquillo de acusado. Eran tiempos, asimismo, en que el partido gobernante tenía dificultades para consolidar mayorías en el Parlamento, con lo cual la suerte del interpelado era normalmente incierta ya que solía ocurrir que varios legisladores teóricamente oficialistas se plegaran a la insatisfacción de la oposición y abandonaran al ministro a su suerte.

Los tiempos han cambiado, y la coyuntura actual dista mucho de aquella a que hacemos referencia. Hoy hay dos bloques definidos y no se dan prácticamente casos de deserciones; no hay legisladores oficialistas que acompañen planteos de la oposición ni legisladores opositores que apoyen al gobierno. En este último caso, hay que hacer una salvedad: los asuntos que han logrado el necesario consenso que se refleja luego en la votación en el plenario.

Siendo así las cosas, ¿qué se propone la oposición, a través del senador Heber, con esta interpelación a Astori? Nadie puede razonablemente suponer que blancos y colorados puedan lograr un voto de censura a la gestión del titular del MEF. Por otra parte, tampoco está en discusión el tema por el que es interpelado el ministro puesto que se trata de un asunto que ya es ley desde que fue aprobado por mayoría por el Legislativo, promulgado y ya en vigencia; de modo que la única posibilidad –remota posibilidad– de modificar o de derogar aspectos de la Ley de Reforma Tributaria no pasa por una interpelación.

Queda entonces, como explicación, la voluntad de los senadores opositores de desnudar posibles contradicciones y dejar al ministro sin respuesta en una suerte de debate público sobre el famoso IRPF, de modo tal de «ganar puntos» frente al ciudadano común.

Sea como sea, y sin dejar de reconocer el derecho que asiste a la oposición, creemos que se trata de un ejercicio inconducente, innecesario, que distrae a los legisladores de la tarea legislativa, tarea que ese mismo ciudadano común espera ansioso pues sabe que sus problemas no se resuelven con encendidos discursos sino con hechos. *

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