Qué tiene Fidel
A yer Fidel Castro cumplió 81 años de edad, estando internado en un hospital luego de que hace un año fuera intervenido quirúrgicamente. Su estado de salud es estable, con notoria mejoría, pero impedido de retomar el ejercicio del gobierno.
A pesar de ello ha escrito 36 artículos polémicos, debatiendo siempre contra la política exterior de Estados Unidos y con los modelos económicos y sociales que esa potencia intenta imponer en el mundo por vía de la fuerza y de la conspiración. Modelos que han fracasado.
Este hombre casi sin apellido, porque a su gente le alcanza con identificarlo por su nombre, es parte sustancial de las historia de los pueblos del tercer mundo, protagonista fundamental y destacado del Siglo XX, cien años en que la humanidad se vio conmovida por hechos de distinto signo.
Siglo que comenzó con la revolución mexicana y la soviética a partir de allí surgió el mundo bipolar, pasó por dos guerras mundiales, conoció la bomba atómica, sintió caer la implosión del socialismo real, poco después de que el colonialismo en Africa y Asia se cayera como un castillo de naipes, salpicando la sangre de los pueblos.
Junto a ello la Humanidad llegó a la Luna, el sida destrozó el amor y el placer, surgió Internet, conocimos los entretelones del código genético humano, y soportamos a uno de los hombres más estúpidos que responde al nombre de George W. Bush.
En medio de este mar bravío este hombre de nombre Fidel se plantó en una pequeña isla mirando hacia el nuevo imperio con firmeza, junto a su hermano Raúl, a Camilo, al Ché, a Vilma y a tantos otros, para gritarle que América Latina y el Caribe tenían derecho a construir una nueva sociedad soberana, más justa, más libre, más equitativa.
Hoy es muy difícil encontrar un líder como Fidel Castro con tanta capacidad intelectual y nivel cultural, que haya debatido con las ideas dominantes del mundo, pero a la vez construyendo la dura realidad. Teórico y práctico, a la vez.
Fidel fue la expresión de la juventud y los estudiantes que ingresaron a la historia como actores y no como relatores del proceso que se vivía a fines de la década del 50 y que después se expresara explosivamente en 1968, que en Uruguay, en un día como hoy, tuviera la marca dolorosa de la muerte del joven comunista Líber Arce.
Una juventud intelectual que le dio una mano al indio y al mestizo así como al cortador de cañas de Nicolás Guillén, para sacar a América Latina de la falta de ideas y de poner, detrás de esas ideas, el pellejo.
La revolución cubana sacó de la teoría la idea de los cambios, y la plasmó en la práctica. La autonomía de los pueblos y la posibilidad de transitar hacia el socialismo dejó de ser un debate teórico, para pasar a ser un desafío de la construcción de los pueblos.
A Fidel la derecha y los centros de poder mundial no lo soportan (lo prefieren muerto), no porque haya alentado las luchas de los pueblos del tercer mundo, no porque haya sido un amigo de la Unión Soviética, sino porque derrocó a un dictador, realizó la reforma agraria y nacionalizó la banca.
Es impensable la América Latina y el Caribe de hoy sin Fidel Castro, donde el paisaje está minado de gobiernos progresistas y de izquierda, aunque hoy esos gobiernos no siempre sintonicen con el barbudo de Cuba, en todas sus propuestas, pero que mantienen un afecto común.
Gabriel García Márquez logró meterse en las entrañas de este muchacho que va por los 82 años: «Lo he oído en sus escasas horas de añoranza a la vida, evocar las cosas que hubiera podido hacer de otro modo para ganarle más tiempo a la vida. Al verlo muy abrumado por el peso de tantos destinos ajenos, le pregunté qué era lo que más quisiera hacer en este mundo, y me contestó de inmediato: pararme en una esquina», dijo el Gabo. El asunto es que Fidel desde hace años está parado en la equina de la Humanidad, aunque toda su obra no haya sido perfecta. Por suerte.
Es de esperar que las nuevas generaciones cubanas, que aún pueden dialogar con él, logren tener el mismo grito de rebeldía que Fidel Castro lanzó a pocas millas de Estados Unidos, en la década del 50. Si eso pasa, por encima de los contenidos que sólo le corresponde asumir a los cubanos, nada habrá sido en vano. *
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