Umbanda es parte del pueblo

Algunas escenas de un programa de televisión sobre religión Umbanda emitidas en canal abierto fueron filmadas en el templo de la agrupación Atabaque, dirigido por Pai Julio Kronberg –umbandista hace casi treinta años– y quien escribe, llegada a la religión por él desde el mismo tiempo.

No discriminar supone brindar espacios de expresión plural, y aunque pensemos diferente, es necesario comprender y respetar al semejante para convivir en armonía en una sociedad que aspira a desarrollarse y crecer. Reflejados estos ideales en el lema del movimiento que impulsamos «Por un país sin exclusiones», nos sentimos motivados a colaborar con las inquietudes de las producciones periodísticas interesadas en los cultos de matriz afro, que lamentablemente en nuestro medio aún no pierden la categoría de fenómeno.

La comunidad afroumbandista uruguaya no es solamente un espectáculo de 2 de febrero en las playas.

Esos cientos de miles de creyentes, practicantes y fieles insertos en variados ámbitos de intercambio social son gran parte de este país, aunque las encuestas no reflejen la realidad, por ser confeccionadas despreciando criterios positivamente diferenciadores.

En los hechos sufrimos marginalidad y eso es acrecentado, entre otras cosas, por la prédica demonizadora, constante y masiva de los telepastores multimillonarios de la Iglesia Universal que han copado el Uruguay con formidables y enigmáticos capitales.

Hay gente que tiene miedo de ser echada del trabajo si son «descubiertos» públicamente como «macumberos», término vulgar y despectivo, aunque la semántica alude al son de un tambor consagrado y su consecuente rito. Muchos todavía piensan que los afroreligiosos somos brujos hacedores de magia negra y no entienden que Umbanda es una religión y como tal busca el bienestar de las mujeres y de los hombres.

Establecida la imprescindible necesidad de difundir las virtudes de nuestra incomprendida fe, decimos: existimos y somos un importante sector de la población que vive y vota. Es hora de desterrar falsos conceptos que se generan y reproducen al amparo del oscurantismo y las interpretaciones retorcidas por intereses creados o mero desconocimiento. En pro de un bien mayor, sacrificamos la sagrada intimidad propia del culto, y agradecemos a los periodistas que se interesan en mostrarnos, esperando que la edición no recorte el sentido primordial que es la purificación y el equilibrio internos para lograr una vida mejor.

Dentro de nuestro universo religioso se practica lo que científicamente llaman «trance mediúmnico», esto implica la incorporación de espíritus de luz o energías de la Naturaleza, bajo el influjo de los cuales las personas hablan, gesticulan y se comportan según las características de las entidades que reciban. En Umbanda, religión surgida en Brasil, creemos que los Guías que llegan en las sesiones (podría ser en un hospital para ayudar a curar a un enfermo) ascienden fajas astrales purgadas en la misión de auxiliar a los que acuden en busca de sosiego, consejos de vida, armonía, salud y paz. O sea: ese Caboclo (indio), Preto Velho (africano), Ogún, Exú (Eshú), Pombagira, Sereia o quien sea, «baja» o se manifiesta con la finalidad de purificar a quien lo recibe, y a su vez, subir peldaños astrales hacia Dios (Zambi u Olorum) haciendo el bien y prodigando caridad. Al producirse tales incorporaciones, generalmente, el médium ve algo distorsionados sus rasgos físicos y muestra cambios en la personalidad aunque no esté integralmente inconsciente.

No digo para los habitantes de Noruega o Japón pero para los naturales de este hermoso país, debería ser familiar el paisaje que estoy describiendo pues es propio de una espiritualidad nativa que tiene todo que ver con el suelo y su gente afroindígena, parte esencial del origen de la identidad uruguaya.

Es casi un deber conocer nuestra existencia como comunidad religiosa y podría ser un delito prejuzgarnos, pues hay leyes que penalizan la discriminación aquí y en el mundo a pesar de que no haya demasiados jueces prestos a hacerlas cumplir. Por eso invitamos y permitimos presenciar a gentes notorias los rituales que hacemos, para que vean de cerca y puedan transcribir de primera mano. La experiencia directa y el testimonio de aquellos que gozan de respeto y credibilidad, serán fuente de información fidedigna hacia el colectivo. *

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