Los precios, ¿producto de la coyuntura o la especulación?
El tema de los precios en los meses de junio y julio abre en agosto una serie de expectativas importantes que pueden mostrar la buena salud de nuestra economía o, si se dan los síntomas contrarios, la necesidad de adoptar medidas destinadas a aplacar el nivel inflacionario, sin duda el peor y más empobrecedor de los impuestos.
Desde principios de junio, por distintas razones, algunas también de corte especulativo, se comenzaron a verificar flagrantes carreras alcistas. La de los alquileres, por ejemplo, que en alguna medida fueron de tal magnitud que por la voracidad de propietarios inescrupulosos lograron que muchas de las nuevas propuestas de locación se salieran de los niveles del mercado y quedaran las viviendas vacías hasta que los precios se fueran ajustando, tal como funciona la lógica del sistema.
Sin embargo, por esa voracidad desmedida de algunos que quisieron adelantarse al impuesto establecido a los alquileres que regiría a partir del 1º de julio, muchas familias –no nos cabe dudas– debieron recurrir a los refugios precarios que el país ofrece para los desplazados, los barrios marginados o asentamientos precarios.
Otros, por supuesto, debieron destinar a la vivienda proporciones gigantescas del salario, debiendo bajar la calidad de vida achicando factores esenciales que la sostienen: se borraron de las mutualistas, redujeron el consumo de alimentos y, por supuesto, dejaron de comprar prendas de vestir, si es que lo hacían.
Paralelamente, por causas distintas, otros elementos que conforman la llamada canasta básica de alimentos, saltaron hacia arriba: a saber la carne, el arroz, las papas, el trigo y sus derivados, como la harina, el pan y, también, la leche, etc. Claro, en este proceso –cuando se trata de producción agropecuaria– debemos reconocer que los factores atmosféricos influyen decisivamente, pero también hay que decir que muchos de ellos son manejados a destiempo, porque la cosecha de arroz ya pasó, la producción de leche se mantiene en los mismos niveles, etc.
Avengámonos a que en materia de frutas y hortalizas la cuestión atmosférica es decisiva, sin analizar, por supuesto, las partidas que los acopiadores tienen «en cámara» y que van colocando en el mercado de acuerdo con las exigencias de éste.
Por supuesto, el tema es preocupante, porque el rebrote de subas, o sea de reducción de la oferta frente a una sostenida demanda, se produce en momentos en que el IVA básico, que afecta a la mayoría de estos productos se redujo del 14 al 10 por ciento.
Es bueno, entonces, reflexionar sobre lo que ha ocurrido en estos últimos meses con los precios, porque el análisis no puede ser lineal, vinculado sólo a razones de mercado, como sostienen algunos empresarios que se alarman porque el gobierno intenta aplacar los precios de productos esenciales.
Con dos cortes de carne, de consumo popular, lo está intentando, quitando el IVA de los mismos, para que el asado y la falda puedan llegar al público a precios más accesibles. Pero el gobierno sabe que el objetivo debe ser más ambicioso, porque ninguna familia se alimenta sólo a base de carne, dándose el contrasentido de que mientras esos cortes de carne se reducen promedialmente en cinco pesos por kilo, la leche, que es esencial y de consumo diario, aumentó en más de dos.
Se trata, claro está, de un problema de oferta y demanda, pero también de políticas inteligentes que deben orientar a los mercados que no deben tener sólo el objetivo de lograr la mayor ganancia a costa del menos pudiente que es el consumidor.
El gobierno hizo bien en resignar el cobro del IVA en esos cortes de carne y deberá estudiar medidas similares, si son necesarias, en otros alimentos de primera necesidad si se establece previamente que el actual nivel de precios es producto de la coyuntura y no de la especulación.
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