¿Qué nos queda de socialistas?

Desde la caída de las ideologías y de las grandes creencias, desde que Nietzche dijo: Dios ha muerto, el socialismo real dejó de ser alternativa seria junto a la caída del muro de Berlín, quedamos quizás sin un Norte. Sin embargo, la vida nos enseñó que los «medios» no sólo no justifican el fin, pero aún más: ¿puede existir un fin en sí mismo, cuando el mundo (la sociedad) se transforma a una velocidad geométrica por los avances tecnocientíficos? Cualquier idea futura de sociedad ideal pasaría al poco tiempo a ser caduca y conservadora; quizás los «medios» sean el único fin.

Pero el hoy, el presente, sí es el que nos define como progresistas. De ese punto es que queremos reflexionar sobre ¿cómo calificamos al gobierno frenteamplista? Diría que cada paso que se adopta, o no se actúa, es una definición de qué sociedad queremos construir.

Vivimos un mundo donde hasta la década de los 70 la oferta era menor que la demanda, es decir, los compradores eran mayores que la cantidad de productos que se podían fabricar. Esa década marcó un cambio importantísimo en el mundo y en el país. Cuando se revirtió, en el país y en el mundo, la situación, la demanda pasó a ser inferior a la oferta; agregando puntualmente la crisis americana de los petrodólares (la cual se resolvió «negociando» que todo petróleo que se comercialice en dólares, circunstancia en que a EEUU le sobraron de golpe tanto excedente financiero, que los golpes en Latinoamérica fueron en parte importante, para resolver dicho salto de excedentes de su moneda, proceso en que «nos endeudaron» a través de dictaduras.

En los años 80 ya EEUU no respalda su moneda, ni en oro, ni en otras monedas y ocurre el salto financiero mundial, que se reafirma una década después con más fuerza hasta nuestro tiempo actual. Para tener una idea ¿qué significa esto? Diría que el 90% o más de la circulación del capital que circula, en todas las monedas, es de carácter especulativo y sólo el 10% o menos circula como parte de transacciones de productos o servicios. Vivimos un mundo financiero especulativo, donde el 75% de la población del planeta no se encuentra en el sistema y son los pobres, si el 75% de la población planetaria está por debajo del índice de pobreza. Estamos construyendo un mundo donde los poderes financieros especulan diariamente con miles de miles de millones de dólares, para ellos, pero no para la población de nuestro planeta.

Me pregunto, en esas condiciones ¿podemos esperar inversiones extranjeras en el área productiva? Es claro que son ínfimas, pero al igual que toda inversión productiva obviamente va para Oriente, allí tenemos un gobierno obrero (caso China) que permite sueldos de U$S 12 al mes y no hay casi otros complementos como aguinaldo licencia, etc., agregando que dicho gobierno «obrero» no permite ni huelgas, protestas, etc., a dónde usted inversor iría. Solo podemos tener inversiones en torno a la materia prima, como compra de campos para producirlos, frigoríficos, forestación, como el caso de Botnia, cuyo valor agregado va a ser ínfimo. Somos un país caro frente a Oriente. Nos «ilusionan» con promesas del Uruguay productivo, con opciones de inversiones extranjeras en este sector, creo que nadie lo cree, ni el mismo Frente.

El Frente comenzó a tener conciencia de que si no construye un Uruguay productivo perderemos las próximas elecciones, para ello no podemos seguir jugando en el mundo financiero internacional; sin jugar fuerte, en la defensa de nuestro sector productivo; el mismo no puede competir ni con productos chinos, menos aun sin barreras parciales de mínima defensa, tampoco con este valor del dólar que perjudica lo nacional y favorece la compra a través de importaciones (importamos más que lo que exportamos).

Debemos enfrentar las presiones del mundo financiero internacional, centrado en dos o tres fondos o bancos influyentes, por lo menos, sin romper con ellos, pero haciendo una política del y para el país, eso es ser «progresista». La izquierda para gobernar debe intentar dominar el poder, en relación con mecanismos influyentes de poder interior y exterior. Hasta ahora Astori no se animó a enfrentarlos y continuó con una política económica casi neoliberal. Sin ser radical, pues los radicales son los que presionan la especulación financiera, o hacemos un cambio estructural constructivo (aclaro, dejando la propiedad privada) y digo más afirmando a la empresa nacional, que hoy es la peor plantada, la más castigada (industria) y sería a la vez el factor más importante para el desarrollo productivo del país.

No quiero un país donde ser empleado público es el paraíso y el empresario industrial, el que promueve el valor agregado a nuestros productos, vive un infierno diario.

Por último, el equilibrio del desarrollo de las Pymes (97%) son hoy el empresariado del Uruguay, su desarrollo será seguramente la única seguridad de no continuar con sueldos de 4.000 pesos, que sólo nos traen la huida de nuestros jóvenes.

Está en el gobierno continuar como país bananero, produciendo productos primarios, que no permiten por su estructura una distribución natural de riqueza, o tomar la posta progresista, de cambios alejados de las especulaciones, donde la distribución de la riqueza se realiza de forma mucho más natural en el mercado. *

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