El Mides dice yo sí puedo

Imposible no conmoverse ante los testimonios de los primeros beneficiados por el plan de alfabetización para adultos, organizado por el Ministerio de Desarrollo Social (Mides). Desde las personas que comentaban entre orgullosas y vergonzosas antes no conocer su edad, hasta el simple hecho de poder tomar un ómnibus sin pedir ayuda.

Son adultos, de 23 a 63 años de edad, que nunca fueron a la escuela, o que apenas la cursaron. Fueron convocados a asistir a los cursos llamados «En el país de Varela. Yo, sí puedo», la versión uruguaya del programa de alfabetización del Instituto de Pedagogía Latinoamericano y Caribeño (Iplac), con sede en Cuba.

La circunstancia planteada nos interpela como seres humanos cívicos, sobre qué Uruguay tuvimos y a cuál aspiramos. Violencia es también el hambre y las urgencias de salud no resueltas, el no tener acceso a la instrucción al menos elemental.

Son decenas de miles de compatriotas sin escuela primaria que no tendrían democráticas oportunidades de desarrollarse socialmente.

Son los hijos del país que nos dejaron.

Del dolor, más que pesimismo de este comentario -aunque parezca cursi me hicieron llorar los relatos de la gente que aprendió a leer y desearía que leyera esto- rescato la energía solidaria del presente, diferente y entusiasta de la mano de los administradores nacionales progresistas. Con políticas fuertes de combate a la exclusión, adiestrando a la población en el uso de sus derechos como ciudadanos.

Brindando armas de igualdad a los desplazados que a estas alturas habían abandonado la esperanza.

Por favor, a quien soporta este mi texto, deténgase un minuto e imagine no saber leer. Ver un billete o una moneda y no tener idea de su valor, no poder descifrar una dirección escrita para ir a un lugar, o interpretar en qué calle se está parado aunque haya carteles. No tener posibilidades de entender una carta, una factura de alquiler, o un recibo de sueldo.

Es muy triste.

Las clases de alfabetización son una lección de vida para el Uruguay.

La ministra Marina Arismendi: una genia de armas tomar. Serviría para Defensa. No te enojes conmigo maestra de Desarrollo Social, es una broma para matizar las emociones que despertaste en el sentimiento de la comunidad con tu gran idea.

Si hubo resistencias y críticas debido al origen y al ámbito de implementación del Plan de Alfabetización puesto en práctica por el Ministerio de Desarrollo, las caras de alegría y satisfacción, los comentarios, las agradecidas expresiones de las primeras personas que lo disfrutaron, justificaron cualquier clase de contratiempos.

Aquellos cuya meta suele ser molestar por la molestia misma, siempre le encontrarán la quinta pata al gato.

Sin posibilidades de hacer o decidir porque la gente no los eligió para conducir al país -por algo será- se consuelan con patearle el nido a los que tienen la responsabilidad de la tarea. La crítica sana purifica los métodos claro, pero el manido «papel de la oposición» que hoy están llevando adelante muchos de ellos es abrasivo. Si no ven positivo que la gente adulta sea alfabetizada no importando tanto cómo se logró mientras sea legal, ¡joder! Como dicen en las películas españolas con el mayor respeto a España.

Lo que hizo Marina fue fantástico y el resultado sobrevuela toda mala onda. Felicitaciones a nuestro gobierno por esta caricia al alma de las uruguayas y uruguayos, mientras avanzamos en los objetivos básicos del Mides que son erradicar la pobreza, aumentar el nivel estudiantil y crear igualdad en la sociedad.

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