La energía, en el centro de la tormenta
L a situación del país en materia de provisión de energía es preocupante, especialmente por carecer de combustibles fósiles para mover las usinas que empecinadamente la administración ha levantado a lo largo de toda la historia del país.
Fuera de las presas hidroeléctricas que por suerte algunos visionarios construyeron y que funcionan en base a elementos naturales, como es la fuerza del agua de los ríos, quienes tuvieron a su cargo la planificación de la política energética siempre manejaron paradigmas contrarios al interés nacional.
En lugar de utilizar, por ejemplo, otro de los recursos naturales que abundan en el país y que es de uso libre, como la fuerza del viento, prefirieron concretar costosas obras de centrales movidas a petróleo o gas, combustibles que debemos importar y por lo tanto, como ocurre por estos días, pagar al precio de oro.
El otro mecanismo para solucionar las imperiosas necesidades de provisión de energía fue la de interconectar nuestra red con las de Argentina y de Brasil, para comprarles energía, que ellos producen de manera irregular y en ocasiones Uruguay se queda sin provisión suficiente porque los vecinos, por supuesto, primero buscan el autoabastecimiento.
Evidentemente, Uruguay ha sido un país con planes energéticos dictados de manera torcida por quienes representaban intereses que en ocasiones no fueron los nacionales. La larga polémica que se manifestó en el seno del sector eléctrico sobre el tipo de central que se necesitaba en el país, y algún ingeniero muy nombrado, que llegó a altos cargos en un gobierno anterior, y luego pasó a una empresa privada argentina de producción energética hizo que el país comenzara a recorrer a pasos agigantados el camino de las interconexiones.
También fue nunca alguien lo ha desmentido uno de los determinantes de las ideas de las centrales de Casablanca, que funcionaría con gas traído desde la Argentina, por un caño (gasoducto), que tuvo un costo de muchos millones de dólares, y actualmente está subutilizado, porque no se construyó ninguna central ni allí ni en ningún otro lado del país.
El otro gasoducto, que llega a Montevideo, también está subutilizado, porque no se han logrado ni el número de clientes suficientes lo dicen los hechos de notoriedad y en él, al igual del que ingresa al país por Paysandú, somos enteramente dependientes de las disponibilidades de gas de la Argentina.
En la actualidad, podemos decir que, por suerte, tenemos las represas hidroeléctricas que nos siguen sacando de apuros. De lo contrario, si se hubiera seguido con los esquemas de producción de energía llevados adelante por algunas administraciones anteriores, el precio de Kilovatio/h sería inaccesible para la mayoría de los uruguayos, pese a lo cual igualmente ya es alto comparado al que se paga en otros países de la región.
Esperemos que, más allá de las polémicas publicas que se han entablado sobre las fuentes de energía, sobre errores o presuntos errores cometidos en las «nuevas» centrales a gasoil que funcionan, que ahora se planifiquen formas de producción energética que estén basadas en elementos naturales, como la fuerza del viento. La producción eólica está avanzando en el mundo entero, porque luego de la inversión inicial, los costos de producción se reducen al mantenimiento y a la administración de los molinos.
Las experiencias española y brasileña al respecto serían para tomar en cuenta, dejando de lado otros mecanismos de producción, que además de sucios, remacharían nuestra dependencia. *
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