Armando el escenario de una nueva confrontación mundial
Habíamos visto los profundos cambios ocurridos en las últimas décadas en cuanto al peso específico de las grandes economías nacionales en la economía mundial, medidos en términos de poder de compra del PBI. De allí surgía con nitidez el avance de las economías asiáticas, y principalmente, cómo el polo de desarrollo que denominamos genéricamente «Sudeste Asiático», pasa a jugar un papel determinante en el mundo, por el peso de su demanda agregada. El impulso de esta región es lo que explica el alza continua de las materias primas durante lo que va de la década; no olvidemos que esta es la principal razón del «auge» de la bonanza latinoamericana en general, y de algunos países en particular. (Sólo el 25 % de crecimiento de las importaciones chinas en 2006 significaron más de 150 mil millones de dólares de demanda agregada al resto del mundo).
El dinamismo de esta región tiene el agregado de la importancia creciente del comercio intrazona, lo que a todas luces le da un grado creciente de independencia, de crecimiento autosostenido, y esto lo pone en buena parte a resguardo de las crisis que provengan de los centros económicos «occidentales», o sea EUA y Europa occidental. Esto es de ida y vuelta. Así como en el 97 China pudo frenar la crisis de sobreproducción surgida en el Sudeste asiático, con su ola de devaluaciones que se frenaron en la ex «muralla de bambú», el dinamismo de la región atenúa, disimula y tira un cable para llevar a remolque a economías estructuralmente más endebles.
La reunión en Kioto, donde oficiaron de anfitriones los ministros de finanzas de Corea, Japón y China recibiendo a otras 10 naciones del sudeste asiático, terminó por conformar un «pool» de una enorme masa de reservas- 3.700 millones de millones de dólares (se dice 3.700 billones en español o trillones en inglés)- es de por sí un desafío, y un serio «parate» al «management» del mundo, por parte del FMI y del BID.
Tradicionalmente, desde la segunda guerra, el presidente del FMI era un estadounidense, el presidente del BM un europeo. Vamos a ver cuando se aleje Rodrigo Rato, español (actual presidente del BM -anunció su retiro para setiembre de 2007-), qué pasa, con independencia de «quién» lo suceda, el tema es de qué región del planeta proviene.
Y no es un simple tema de qué país o región ocupa el cargo. Hay estrategias de desarrollo, visiones del mundo distintas en pugna.
1) La disputa en los centros de poder financieros internacionales.
En realidad la gran discusión a la interna de estos organismos, de la que poco o nada trasciende, versa sobre las estrategias para el desarrollo económico, y esto involucra a variables como tipos de cambio, tasas de interés, niveles de endeudamiento, balanzas comerciales, y su influencia en los aspectos sociales bajar los umbrales de pobreza, mejorar los índices de educación, salud, consumo.
Está claro que desde los centros de poder, esta discusión, que de algún modo se impone, está condicionada por la buena marcha de la gran empresa multinacional. O sea, cualquiera sea la solución, ésta deberá contemplar necesaria-
mente aquella que mejor sea funcional a la expansión de la gran empresa multinacional, que tienda a mantener tasas de rentabilidad, hoy cada vez más comprometidas por un mundo que se empequeñece día a día en términos de potencialidades para la expansión de la producción.
Hoy, el ojo de la tormenta está situado en la gran inestabilidad del mercado cambiario mundial, los grandes déficits estadounidenses, y la vulnerabilidad que esto conlleva, en términos de estabilidad de precios, de intercambios, de confiabilidad a futuro. Pero conviene ilustrar con una breve mirada histórica a la economía de la posguerra, a ver si estos fenómenos son realmente nuevos, o si se trata de un «remake» de una película que hemos visto muchas veces.
Antes de seguir, a manera de adelanto, debe quedar claro que este esbozo histórico-económico de la marcha de la economía mundial no tiene, sino otro fin último que terminar hablando, opinando, con seriedad del problema de la inserción internacional del Uruguay en el mundo de hoy y por supuesto, del Mercosur.
Esta misma dicotomía sobre políticas monetarias-tipo de cambio, la tenemos implantada en la región con un Brasil que le hace «loas» a lo que se impulsa desde Washington, y una Argentina que va por un camino distinto. *
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