Las enseñanzas de don José

La educación y el trabajo son centro de la discusión nacional. Titulares de prensa los vinculan. «Priorizar y jerarquizar la enseñanza es uno de ellos, refiriendo a la necesidad de asegurarle a los jóvenes, conocimientos que les permitan no sólo acceder al mercado, sino a la formación integral como individuos.

Por su parte la diputada Ivonne Passada nos ilustra en su nota «La educación para el Trabajo» acerca de la necesidad de escuelas que permitan al ciudadano formarse como tal, ya que la generación posdictadura fue educada para el capitalismo y la economía de mercado. Otros sendos titulares anuncian que «Comenzó curso de educación sexual para docentes, directores, adscriptos e inspectores» y que «Se lanzó un programa de educación para escolares en Seguridad Social». Es decir, en cuanto a contenidos la cosa está movida.

Hay más. Antes hagamos un poco de historia. Se vivían momentos de gran tensión militar en 1815 -1816, cuando Artigas le decía al Cabildo que protegiera a los infelices artesanos y labradores, o en el Reglamento Provisorio de Tierras expresaba que quienes tenían un pedazo de tierra serían obligados a formar rancho y dos corrales, cortar maderas para vender, remediando así sus necesidades e inspirándoles amor al trabajo. Formidable muestra del ideario del jefe: libertad, igualdad, justicia y trabajo como valores, asignándole al último un papel central en la sociedad, como productor de riqueza y generador de igualdad, consecuente con que los más infelices serán los más privilegiados. ¡Todo ello en plena guerra! ¡Idealismo y realismo de la mano!

Notable síntesis realizada por Marcos Supervielle en su trabajo de presentación para las jornadas inaugurales del proyecto «Construyendo el Futuro con Trabajo Decente», a las que concurrieron docentes de todo el país. Nos muestra al conductor 200 años atrás pensando ya en que el trabajo era lo central en cualquier sociedad.

Escribíamos tiempo atrás acerca de la evolución del capital y trabajo. El primero yendo hacia la unidad global. El segundo hacia la fragmentación y deterioro, a punto tal que un personaje de segunda, de muy triste recuerdo, alabado por la derecha del mundo, Fukuyama su apellido, anunciaba el fin de las ideologías, como si su visión viniera del limbo, y del ¡trabajo y/o proletariado!

¡Qué importancia adquiere entonces la incorporación en la enseñanza media de lo que dos siglos atrás nos decía Artigas: el papel central del trabajo en la sociedad, que reconozcamos que está algo subvaluado culturalmente, consecuencia de una realidad lacerante vigente desde hace muchos años, hoy en vías de notoria mejoría. Como igualmente admitamos que el movimiento de notas y titulares de prensa no dieron el debido destaque al trascendente que sucedió el 25 de junio.

Ese día comenzó el plan para comenzar a aplicar los conceptos precedentes en seis liceos: tres de Montevideo y tres en el interior: Dolores, Durazno y Maldonado, producto del acuerdo entre el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y Ministerio de Educación y Cultura, que se venía trabajando desde mediados del año 2005.

Durante años la herramienta privilegiada para acceder a un trabajo era la educación. Hoy no es condición suficiente. Entre 1963 y 2004 emigraron 600.000 uruguayos. Hoy, si bien ha disminuido, persiste.

Uruguay es el país más envejecido de América Latina. El crecimiento poblacional no alcanzará en los próximos años para suplir a los que no estarán. Donde más se reproduce la población es en el sector pobre, lo cual lo multiplica. Todos conocemos los dolores que ello provoca. Lo que torna necesario generar políticas para que no se nos vayan. Porque existe un derecho a emigrar y otro a no emigrar. Y en este tema, la educación para el trabajo y la ciudadanía, juega un rol preponderante. Salud Don José. Gracias Marcos, por traerlo al centro de la discusión. *

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