Sí cambio fiscal, sí equidad y sí solidaridad
Uno de los primeros cambios estructurales que nuestro gobierno realiza ha sido el de la reforma fiscal, modificando levemente intereses de segmentos de la sociedad, con el objetivo de una mejor distribución fiscal, la misma alerto una parte de la sociedad, acostumbrada a un largo tránsito sin cambios en la estructura recaudadora.
Sólo por el hecho que se produzcan cambios, muchos se sintieron alterados e incómodos. Sin embargo estos hechos permitirán en un futuro, un pequeño escalón para la construcción de una sociedad con mayor equidad; pocos vieron en el IRPF, que con un pequeño esfuerzo que ayuda a avanzar, aunque no sea más que un granito de arena, en las diferencias sociales graves que existen en nuestra sociedad. Saltaron desde funcionarios municipales, jubilados (aunque luego se dieron cuenta que al 80% de ellos no los perjudica) pasando por otros sectores como empresariales y profesionales.
La realidad es que el país tiene una difícil situación social, por ejemplo: un 25% de la población se encuentra por debajo de la línea de pobreza y sólo un tercio de la población sobrepasa los índices de la canasta básica familiar.
Es en estas condiciones de país, es que se aplica la reforma, las franjas de dicho impuesto comenzaron a partir de los 9.000 pesos aproximado, marcando las siguientes franjas porcentajes levemente más altos; creo que se hizo lo que era posible, aunque no fuera lo ideal.
El ideal hubiese sido que la primer franja sea a partir de un índice que contemple la canasta básica familiar; pero la realidad del país no lo permite.
Este pequeño eslabón solidario no se comprende o lo individual es tan avasallador que no importan sus objetivos; el PIT-CNT, positivamente apoyó dicho cambio, aunque sectores del mismo no lo vieron con el mismo criterio. Como gobierno progresista es la primera medida que toca intereses y pequeñas «estructuras» de sectores económicos en el país, que van desde funcionarios, profesionales, Pymes, y empresas mayores. No se pudo gravar ni capital, ni los aspectos financieros, tema que quedó pendiente, porque el mismo al ser volátil se corre riesgo en la instrumentación, tanto de evasión como que se vaya del país, como sucedió previo al primero de julio, se habían retirado ya U$S 860 millones frente al temor de ser tocados en el impuesto.
Junto a este pequeño cambio, comenzará un cambio importante en la salud, donde los intereses sectoriales y corporativos serán seguramente modificados, si es que los mismos quieren seguir recibiendo del Estado los beneficiarios del impuesto que el gobierno recibe por concepto de la salud de sus contribuyentes, cuyo círculo se esta ampliando a la mayoría de la población, para protegerla de asistencia médica. Estos cambios estructurales son formas solidarias que busca nuestra sociedad y es lo que esperábamos de un gobierno de izquierda. Como en la mayoría de los países donde se efectúan cambios, se establece una resistencia a los mismos por parte de los agentes involucrados, puesto su poder y su libre tránsito son regulados para desarrollar políticas sociales, que a la corta o larga beneficia a todos. Muchos sectores de la prensa comentaron que si salen mal, estos cambios, el FA se juega la próxima elección, yo diría que si no lo hiciese, sí se jugaría su continuidad; pero pocos se han quedado con la frase «que paguen más, los que tienen más….». Los informativos no hablan de la equidad, eso no es tema, porque los más perjudicados no son taquilla en los noticiarios, cuando se bajó la cifras de pobres a 210.000 menos en el país, ningún titular apareció en los diarios o en la pantalla chica como tema central. La búsqueda de una equidad en nuestra sociedad, tampoco es titular desgraciadamente.
No voy a sobre valorar los cambios que están ocurriendo, aunque sectores corporativos, los enfrenten. Los errores fiscales existen, son consecuencia que fueron hombres imperfectos que los realizaron y el espíritu de corregirlos y negociarlos es parte a resolver y una forma de compromiso participativo o dialogante, que positivamente se adoptó.
Sin embargo, la equidad social se debe apuntalar más en relación al sector productivo. Con la reforma fiscal sólo se apaleará en algo muy tenue las diferencias. En cambio permitiendo desarrollar el sector productivo nacional, acompañado con un marco nacional y regional que permita dar posibilidades a la industria., a ese cambio de estructura es que deberíamos comenzar a realizarlo, puesto es el que naturalmente logra una mayor e importante equidad en la sociedad, «sin quitar a nadie nada y avanzando con un crecimiento donde las mayorías participan».. Hoy no somos viables en el área industrial y en consecuencia sus técnicos se nos siguen yendo. Estamos abiertos casi en forma totalmente liberal a los mercados exteriores, que nos inundan con sus productos, muchas veces subsidiados o con monedad devaluadas para poder vendernos y sólo los países del tercer mundo tienen esa apertura total, a diferencia de los países desarrollados, que marcan fuertes barreras; por ejemplo no podemos calzarnos, vestirnos, comunicarnos etc. con nuestros propios productos; me recuerda a la lucha de Gandhi en la India, por los tejidos, la sal, etc., que no les permitían que sea de su propio origen…, aunque las circunstancias son diferentes el ejemplo tiene validez. Las presiones están afuera…
Nuestro mercado interno está rodeado de consumidores empobrecidos, porque lo que se consume no se fabrica en el país y el circulante de lo comprado, en nuestro mercado por productos importados, vuelve a irse para continuar comprándolos en el exterior, generando un círculo vicioso, con un mercado interno pequeño, difícil, que crezca en estas circunstancias. Esto nos llevó a la superación de las importaciones frente a las exportaciones y al bajo valor de los sueldos frente a la canasta familiar.» Pero socialmente, la mejor distribución y equidad de la riqueza es sin duda el mercado interno desarrollado con Pymes nacionales». Esta distribución de la riqueza genera más cantidad numérica de capas medias y un mayor aumento de puestos de trabajo con valores de ingresos más dignos.
El Uruguay productivo y el de las innovaciones científicas, para desarrollarlas en nuestra economía de mercado, son los desafíos pendientes, para cambiar seriamente estructura económica, que hoy nos pone freno a nosotros mismos. *
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