Cancillería atascada
al vez para ratificar o rectificar posiciones y situaciones, convendría revisar escrupulosamente la opinión de toda la ciudadanía sobre el sentido, el avance y la vigencia del Mercosur.
La causa es en su profundidad, compleja. Su desarrollo es de lentísima tramitación, y los incidentes que ocurren en el transcurso de la gestión hacia el definitivo estado de la empresa, hacen difícil seguir con certeza el proceso y, por tanto, apoyarlo sin eufemismos ni contradicciones.
País algo arrinconado entre dos grandes en territorio, vemos en forma constante dilatarse o disminuirse la imagen que del Mercosur, como emprendimiento favorable, tenemos. Y esto conlleva que, junto a la antedicha oscilación de nuestra convicción, se arrime una mala interpretación en el exterior de nuestra capacidad política para administrar con fortuna el proceso.
Pequeño territorio exige fuerte diplomacia y fuertes recursos jurídicos.
En el escaso lapso de los diez meses del año 2000, hemos presenciado dos hechos notorios de indefensión. El que se produjo mediando el año, con la exportación de nuestro arroz a Brasil, y el que se viene arrastrando desde mayo con la exportación de bicicletas a la República Argentina.
Ambas naciones, hermanas y socias comunitarias del Mercosur.
El asunto del arroz ha tenido un trámite que aún no puede considerarse como cumplido al firme. Estamos sujetos a avatares dictados por una autoridad secundaria que actúa bajo presiones, y no hay un dictado claro, contundente de las cancillerías que demuestre que se obliga a las partes.
El otro asunto, el de la exportación de bicicletas, corre con similares características. Como las fechas de máxima exportación están cercanas, la gran fábrica uruguaya ha tenido que pactar con una similar argentina para fabricar uno de sus modelos en la orilla de allende el Plata.
O un poco, o un mucho tarde, la Cancillería uruguaya convocó al gobierno argentino para accionar el mecanismo de solución de controversias. Esto, a un mes del gran período de ventas, después de seis meses de inercia y cuando la fábrica Motociclo ya se ha visto obligada –para no perder ventas– a fabricar el modelo en el país que la presionó a hacerlo.
Que es el mismo país que la Cancillería no supo frenar en su saciedad.
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