Los equilibrios mundiales

No es novedad para nadie, la gravedad de la muerte de la Unión Soviética. Por más discrepancias y menor simpatía que yo les tuviese y les tenga, en su existencia había una utilidad más allá de lo práctico, en el equilibrio de poderes en el mundo. Su deceso implica el absoluto e impune totalitarismo yanqui, que al tener un desnivel desproporcionado con el resto de las naciones del orbe, impone su voluntad arbitraria de la manera que sus intereses y las de las fuerzas económicas dominantes en Wall Street, que no todas son yanquis por cierto y hasta pueden ser peores que ellas, les convenga y se les ocurra. Han surgido intentos a posteriori del eclipse definitivo bolche soviético.

Bien es cierto, que los intereses particulares de naciones que aparentaban afinidades ideológicas, ha hecho dividir lo que idílicamente se visualizaba en orígenes. En Latinoindoamérica, por ejemplo, Venezuela con su Chávez, intenta y conforma un grupo que al margen de los problemas internos políticos sociales que pueda tener, algunas veces con razón y otras a mi criterio con errores peligrosos, junto con Bolivia, Ecuador, Nicaragua y la propia Cuba hace un bolsón geopolítico muy importante de enfrentamiento al imperio. Claro, lo que no estaba previsto a simple vista era que Brasil, aspirante a pichón de imperio futuro, tiene su corazoncito y obviamente ve que el crecimiento progresivo y cada vez más potente venezolano, su vecino por añadidura lo está tirando a un segundo plano que puede llegar a definitivo. Máxime, que Chávez ingeniosamente con esa figura trascendente que desde el lejano Oriente nació con Ahmadinejad, formaría el eje Teherán-Caracas dominando la producción petrolera como poder inmediato y hasta futuro. O sea, EEUU no sólo debe tener en cuenta al bloque vecino liderado por Chávez, sino al verdadero rival que va creciendo progresivamente y rápidamente que es Irán con Amijadinad en creciente asociación de intereses económicos y políticos previstos. Los yanquis que tontos no son, comenzaron a comprar voluntades que aparecían en el horizonte como futuros contrarios ideológicos. El Brasil de Lula, ¡muy izquierdista! ya está en la órbita gringa enfrentado a Venezuela en los hechos.

El cuento de las críticas del Senado norteño sobre el cierre del canal televisivo interno por Chávez, aunque yo también discrepe y considero un error grave, no da tampoco para armar un conflicto internacional de la magnitud de un quiebre en las relaciones de países que se proclamaban afines.

En el mejor de los principios es un problema interno de uno de ellos que no debería rozar el interés de otra nación, salvo que hubiese un socavado acuerdo gringo-cambá, futuro. Y Chávez, que tampoco es tonto ni lerdo, patea el tablero mercosuriano, que de ser así, le asistiría razón. Por supuesto, el imperio no se quedó sólo con Brasil.

Ya había inteligentemente comenzado con nosotros. Convencer al pequeño Uruguay económico de Astori es un juego de niños para Bush. Con la propina para el acomodador de vehículos le alcanzaba.

Y con nosotros, el desgajamiento mercosuriano proseguiría con el futuro acuerdo con los brasileños. A Brasil, en la apuesta directa inmediata, como al señor Astori, le sirve más el odiado yanqui que el lejano Irán de Ahmadinejad y el peligroso Chávez que surge como líder latinoindoamericano de izquierda nacionalista.

Las aguas bajan turbias, al día de hoy. Para volver al equilibrio mundial tan necesario para países chicos y débiles como nosotros y del Tercer Mundo, es necesario el fortalecimiento hasta por razones prácticas y egoístas, del eje Teherán-Caracas. El único que puede enfrentar si logra ganar la pulseada de entrar en el Club Atómico a los EEUU es Irán de Ahmadinejad. Aventado el peligro de la invasión yanqui, israelí, inglesa al Irán, por cierto muy real según los cables internacionales, por integrar ese selecto Club Social de los que pueden y tienen el petardo sería la única manera de equilibrar la balanza. Salvo los propios yanquis, nadie la usó sobre humanos, ni la usaría.

Tener el petardo es el salvoconducto de cada uno y amigos respectivos. De manera tal, que los débiles no quedaríamos inermes a los desvaríos oportunistas imperiales, que si bien hoy nos ayudaron por interés mezquino, comprarnos porque les sirve liquidar el Mercosur, mañana nos pisan como a cucarachas por el agua del acuífero Guaraní cuando lo necesiten.

¿O es que algún ingenuo piensa en la buena fe imperial para tener un seguro de vida? Siempre será aconsejable tener otro palenque donde rascarse. Particularmente, si los mismos son nacionalistas. *

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