Padres y padrastros de la patria
Como todo complejo vital, las sociedades sólo pueden crecer, desarrollarse, en la medida en que se protejan de sus competidores.
Las sociedades se crean para la protección de la vida humana, puesto que el conjunto garantiza la subsistencia de cada uno de sus miembros.
La diversidad de actividades, en el seno de una sociedad facilita la subsistencia del todo frente a sus competidores. Los estadistas anglosajones desarrollaron, ya en el siglo XVIII, pensamiento sistemático para la elaboración de sus políticas nacionales. El secreto de su prosperidad está en la riqueza del pensamiento de sus estadistas.
Estas son las pautas del buen gobierno de una nación, para Benjamín Franklin, uno de los «padres de la patria» angloamericana, que debería ser un buen manual para despabilar cipayos, o por lo menos provocarles vergüenza , si es que la tienen.
«Manufacturas importadas favorecen a países extranjeros, quienes se encuentran entonces en condiciones de casarse y formar familias, por lo tanto aumentar en número. Si se priva a una Nación de cualquier rama de su trabajo, y no se encuentra trabajo para la gente que ahí trabajaba, se le privará a su vez de cantidad de gente. Pérdida de alimentos.
Supongamos que una Nación tiene pesqueros –pesquerías–, que no sólo emplean cantidad de mano de obra, sino que también hacen que la alimentación y la subsistencia sea más barata. Si otra Nación se erige con la supremacía de los mares, la gente disminuirá en proporción igual a la pérdida de empleos y del encarecimiento de las provisiones, lo que hace más difícil la subsistencia familiar, y por lo tanto baja la natalidad.
«La gente no sólo abandona dicho país, y estableciéndose en el exterior se incorpora a otras naciones, pierden su lenguaje y se transforman en extranjeros. Se desmoraliza la iniciativa nacional, disminuyen las posibilidades de subsistencia en el campo, y se dificulta la manutención de las familias. Impuestos excesivos disminuyen la población.
El legislador que hace eficientes leyes para promover el comercio, incrementar los empleos, mejorando las tierras mediante una mejor labranza, aportando mayor alimentación mediante la industria pesquera, asegurando la propiedad, los hombres que ayudan al desarrollo del comercio, las artes, manufacturas, incrementando el matrimonio, pueden ser aquellos a los que se les llama padres de la nación, por ser los que generan multitudes mediante el afán que ponen en el desarrollo de las familias.
Los lujos importados y las manufacturas innecesarias importadas y usadas en una nación, por la misma razón que aumentan la población de la nación que las provee, hacen disminuir la población de la nación que los consume. Por eso las leyes que protegen contra esas importaciones y promueven las exportaciones, de productos para ser consumidos en mercados extranjeros pueden ser llamadas leyes generadoras, que por aumentar las riquezas del país exportador, incrementan los matrimonios. Estas leyes fortalecen a un país doblemente, porque aumentan su propia población y disminuyen la de sus vecinos».
Gobernar invirtiendo las leyes que hicieron la grandeza de otros, tomando medidas de gobierno adversas al desarrollo de sus sociedades, es lo que han hecho entre nosotros, hasta ahora, todos los tecnócratas impuestos, por la fuerza o por el engaño, al frente de los ministerios de economía. La inversión de los principios de buen gobierno, una mala guerra felona, librada durante medio siglo, nos ha provocado miseria social, emigración en masa y llevado a la agonía por decrepitud demográfica.
Pero, los demagogos liberales no pararon en esto. No les alcanzaba arruinar al Paraguay, Uruguay y la Argentina. Había que llevar la miseria al Brasil, y para ello pergeñaron el Mercosur. El Mercosur de los Menem, Lacalle y Rodríguez, era una verdadera Triple Alianza contra el Brasil industrial.
Uruguay, con diseño de zona franca industrial, forestal y financiera, donde la timba y la especulación han derrotado al trabajo, donde los combustibles cargan más impuestos que los whiskies. Lavadero de dinero y blanqueo de patrimonios e identidades, centro de droga y trata de blancas. Uruguay, verdadero «tumor» en la yugular platense, una amenaza para el desempeño de buenos gobiernos y la saludable prosperidad de la región.
Para desgracia del Uruguay y de América, este país mantiene las pautas monetarias impuestas desde 1978, un obstáculo más para nuestra integración regional. Esta contumacia doctrinaria, no importa la engañifa electoral usada para perpetuarla, nos lleva a sospechar ,que la dirigencia de este pequeño país ha hecho del fomento de la ruina propia y continental la razón de su existencia.
Si «padres de la patria» son los que con sus políticas engendran multitudes, aquellos que las hambrean y expulsan del territorio han de ser padrastros. ¡Desaprensivos padrastros! *
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