Buenas ideas de la ministra del Interior

E l tema de la seguridad y de las cárceles fue analizado con propiedad por la ministra del Interior, Daisy Tourné, que expuso por la prensa su pensamiento aclarando aspectos necesarios del encare de la difícil labor que ha emprendido.

Y dice, con todas las palabras, que el Ministerio del Interior, está para combatir el delito, amparando a la población de las acciones de los malhechores que, obviamente, han crecido en cantidad luego de la crisis de 2002, cuando las condiciones socioeconómicas del país se vinieron a pique y la pobreza golpeó a las puertas de casi un 50 por ciento de los hogares uruguayos.

Sin embargo, aclara que el Ministerio que encabeza no tiene como cometido actuar sobre las causas profundas que son las causantes de este camino emprendido por cientos y miles de uruguayos que, lamentablemente, está provocando que el sistema carcelario esté colapsando, no siendo suficiente para albergar a los procesados y penados, una población que crece en alrededor de mil personas al año. Sobre el punto, la ministra ordenó desactivar la Dirección de Prevención Social del Delito, afirmando que eso «es una señal política clara de que nosotros no somos asistentes sociales».

Nos parece que las declaraciones públicas de Tourné sirven para que los uruguayos sepamos a qué atenernos en torno al tema de la seguridad, para escapar de la confusión en que todos estábamos sumergidos luego de que se manejaran conceptos bastante livianos sobre el tema, asignándose todos los males a las condiciones sociales del país, evitándose actuar en muchas ocasiones en razón de que la acción delictiva era comprendida como el corolario de un mal mayor, que superaba al sujeto delincuente, para abarcar a la sociedad en su conjunto.

Sin embargo, la ministra es clara en afirmar que la situación de las cárceles es catastrófica, que no es posible que convivan veteranos delincuentes con primarios, todos hacinados en celdas minúsculas, hechas para dos personas, en donde conviven ocho o diez. Cárceles, además, en donde no se ha podido evitar el ingreso de la droga, que circula con una libertad alarmante, siendo adicta a la misma una proporción importantes de los internos.

La ministra, igualmente, plantea algunas experiencias buenas en materia del reencauzamiento y la reeducación de los internos, pero sostiene la imperiosa necesidad de ampliar la capacidad locativa, de crear un recinto para presos de alta peligrosidad, en que se los pueda controlar perfectamente y, además, alejar de los demás reclusos, ya que son generalmente el centro de la peor influencia y, además, las cabezas de los grupos de poder que se manejan en los establecimientos de reclusión, que son un factor casi permanente de los conflictos en los mismos.

Al parecer, la ministra tiene las cosas claras y quiere, con mano firme, timonear el tema de la seguridad en el territorio nacional, dejando de lado la imagen de la «sensación térmica», para actuar directamente sobre el delito, haciendo que la Policía cumpla con su deber de prevención, siendo fiel custodia de la ley y el orden.

Por supuesto que para esto necesita de un cuerpo policial altamente profesionalizado, con sentido democrático en su accionar. Porque es bien claro que no se trata de reprimir a mansalva –como ocurriera hace pocos días en la Colonia Berro–, ni tampoco de utilizar la brutalidad de los bastones para disolver demostraciones medianamente ruidosas, pero que no habían provocado destrozo alguno.

La Policía debe saber discernir su manera de actuar en cada ocasión y, para ello, existen los códigos de procedimiento, que seguramente no deben decir que para detener a una muchacha que quemaba una cubierta de automóvil se la debe arrastrar del cabello hasta el camión celular.

Esas son barbaridades que deben ser desterradas de la acción policial. La Policía debe ser firme, inteligente en su forma de actuar, sabiendo cada uno de sus integrantes en qué ocasión puede usar su machete, su arma de reglamento, etc. Si no lo sabe, si no lo tiene en cuenta, o no entiende el código de procedimiento, no puede portar más esa arma.

Porque con ella, la ministra lo sabe, también se puede delinquir. *

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